Argentina te asesina: Hambre y violencia institucional en la era Macri.

El lunes 19 de agosto, por la mañana, la vida de Jorge Martín Gómez se apagó en una camilla del Hospital Ramos Mejía a 30 minutos de haber ingresado por una fractura en su cráneo (1) producida luego de caer -un rato antes- sobre el asfalto de la bicisenda de la calle Carlos Calvo al 2600 tras recibir una patada brutal de parte de Esteban Armando Ramírez, un inspector de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Al día siguiente, dio inicio una nueva función del oligofrénico circo mediático, potenciada por la viralización de la muerte de un hombre en las cercanías de una sucursal de la cadena de supermercados Coto -supuestamente- “a manos de dos empleados de seguridad de la empresa” (tema que trataremos en nuestra próxima edición).
Tanto en el debate de uno como de otro caso, el cruce argumental presente en las distintas discusiones suscitadas en los diversos espacios de los medios masivos de comunicación, se compuso de un sin fin de pelotudeces (por no decir forradas) disparadas de forma irresponsable desde cada uno de los sectores participantes; se habló de todo y, entonces, el suceso del 19 de agosto supo corresponder -según el relator de turno- al “perfecto accionares de la policía ‘porteña’”, a un “crimen de odio” inherente a la “evidente” “gordofobia” “institucional” (ya que Jorge Gómez -que en paz descanse-, se encontraba ‘entrado en carnes’), a un “accidente” de carácter “poco común” dentro del procedimiento de ‘las fuerzas’, a la “invisibilización” de la “violencia contra ‘la mujer’” dado que únicamente se difunden los casos de violencia institucional contra hombres y nunca “las cometidas contra mujeres”, y demás subnormalidades destinadas a avalar posturas ideológicas “izquierdistas” y “derechistas”. Sin embargo, tanto a favor como en contra, fue el concepto de “gatillo fácil” el que primó en los debates de la grilla mediática; y, si bien la idea no sería -‘a priori’- aplicable a este caso puntual, no estuvo de más que el tema volviese a situarse en la mesa del debate público aunque no fuera más que por un breve lapso.

En primer lugar, habría que dejar en claro que la muerte del Sr. Gómez no puede situarse dentro del espectro que comprende a la casuística del “gatillo fácil”, cosa que explicaré a continuación. Si fue o no un hecho de violencia institucional es algo que yo, a título personal, no me encuentro en condiciones ni de afirmar ni de negar; ciertamente, fue la consecuencia de un accionar policial al cual creo (y, nuevamente, recalco el carácter subjetivo de mi apreciación) que el epíteto “exceso” le queda ‘chico’, pero la dinámica de lo ocurrido…

Artículo publicado en REVISTA INSOMNIO #6
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