Clima de época.

El año pasado, tras el descubrimiento del arsenal de guerra acopiado por el empresario Alfredo Coto en uno de sus supermercados, los incrementos presupuestarios y la compra de armas y material represivo para los cuerpos de seguridad del Estado, y la desaparición del modelo juvenil genérico Santiago Maldonado luego de una insípida e innecesaria represión gendarme; advertí en una nota editorial sobre el clima de época que se estaba gestando, y lamento mucho no haberme equivocado en mis apreciaciones. 

La violencia institucional, como una de las más fuertes entre las cuatro patas que sostienen el modelo político, cultural y económico de saqueo y vaciamiento imperante, ha dado hasta el momento lo mejor de sí, pero en las últimas semanas y ante la ansiedad por la cumbre del G20, el Ministerio “de la paz y el diálogo” conducido por Patricia Bullrich se pasó de rosca y desató un huracán de operaciones y contraoperaciones con una voracidad tal que ni siquiera nos pudo dar la oportunidad de analizar e interpretar cuál es el mensaje que el gobierno quiere dejar en claro a propios y ajenos. ¿Que volvimos a ser oficialmente un “país bananero”? ¿Que los servicios de inteligencia de potencias extranjeras deciden qué argentino es de bien y qué argentino debe ‘tragar sombra’ con base en su etnia o su credo? ¿Que somos tan inoperantes en materia de prevención y seguridad que ni siquiera podemos organizar un partido de fútbol ni negándole el derecho de asistencia a la parcialidad visitante, y por lo tanto merecemos ser invadidos por un país serio como los Estados Unidos?

Es importante empezar a analizar los hechos más significativos de las últimas tres semanas teniendo como eje principal del análisis el contexto establecido por la reunión del contubernio al cual llamamos G20. Desde los pueriles atentados de los “anarco-servicios” en adelante, todo parece girar en torno a la reunión en la que las veinte economías más ‘prósperas’ del globo discutirán sobre el “desarrollo equitativo y sostenible”, un bonito eufemismo para referirse al saqueo, la reducción de la población económicamente vulnerable y el control social de corte orwelliano. Para ellos, este evento es de primordial importancia ya que la declaración que de él salga será la guía de gobierno para el próximo año de vida de las veinte principales economías mundiales. No es ni en el ‘Bilderberg’ ni en la “Comisión Trilateral”, es en estas reuniones del G20 y del G8 dónde se le pondrá precio a tu fuerza de trabajo y a la leche de tus hijos, y donde a la vista de todos se rematará nuestro futuro al mejor postor.
El día 9/11, el nefasto pasquín Clarín publicó una nota sobre la advertencia del Reino Unido a sus ciudadanos respecto de potenciales ataques terroristas en Buenos Aires contra objetivos británicos (como puedan ser bancos u empresas), incluida en el boletín del Foreign Office, en la sección de Travel Advice. A pesar de que las autoridades británicas resaltaron el hecho de que su publicación no se encontraba relacionada con las vísperas del G20 (cumbre de la cual estuvo en duda la presencia de Teresa May, inclusive), el todopoderoso multimedio del ‘medio pelo argentino’ hizo un hincapié constante en esto(1), como si la idea de sus editores fuese la de instalar el clima necesario para que los ‘servicios’ pudieran operar a sus anchas.
La bomba inaugural la puso una pobre lumpen pseudoanarquista que pagó con una de sus manos y parte de su rostro el caro precio de “homenajear” a Simón Radowitzky en el aniversario de su más célebre obra. Con el ‘teatro’ en marcha, y entre sábanas y pollos confundidos con explosivos y reventados en la vía pública, el Ministerio de Bullrich llevó a cabo un operativo contundente dedicado a posicionar a los cuerpos de seguridad del Estado como una fuerza efectiva en el combate contra el “terrorismo internacional”, allanando y encarcelando a dos jovencitos -a todas luces- inocentes, a causa de una denuncia un tanto floja de papeles presentada hace casi un año atrás por la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina) basada en una información suministrada por un “anónimo”.
Axel y Gamal Abraham Salomón permanecieron presos, esperando a que finalice el plazo legal que le permitió al juez de la causa mantenerlos tras las rejas. Y aquí vuelvo a conectar con aquella nota editorial de la Revista Insomnio publicada en el mes de agosto del año pasado: sabemos que las desigualdades sociales se han acrecentado durante los últimos tres años de una forma exponencial, sí, pero… ¿Puede ser posible que a dos adolescentes trabajadores, familieros y religiosos se los encarcele por tener un par de ‘fierros’ viejos, oxidados y mal registrados, y una enorme cantidad de municiones vencidas e inservibles heredadas de un abuelo; y ni siquiera se lo cite a indagatoria a un portentoso empresario al cual le incautaron un verdadero arsenal de guerra operativo y listo para matar, sin registrar, escondido dentro de barriles en uno de sus tantos comercios? ¿Quiénes son entonces los terroristas? ¿Aquellos que simpatizan con un movimiento político de liberación que defiende la soberanía de la Patria de sus abuelos; o aquellos que están dispuestos a cegar vidas a diestra y siniestra con el único y egoísta propósito de proteger su acaudalado capital económico del peligro potencial que representa una clase trabajadora hambreada y humillada?

NdR: Afortunadamente, mientras escribo estas palabras, Axel y Gamal se reencuentran con la libertad y vuelven a su casa, tras serles dictada la “falta de mérito”. En los próximos días publicaremos una entrevista realizada a nuestro colega Galeb Moussa, sobre los pormenores de su injusto arresto.

Pero la agenda de quienes conducen los destinos de nuestro país es diabólica, no tiene ni paz ni descanso; y sin darnos el tiempo suficiente para digerir esta nueva embestida persecutoria contra la comunidad islámica argentina, como gol sobre la hora, apareció el tan buscando submarino ARA San Juan, tampoco desprovisto de circunstancias tan sospechosas como para generar suspicacia en los sectores más escépticos de la sociedad. ¿Lo encontraron justo el último día de búsqueda, en el lugar donde la familia y los expertos de la expedición del Yantar aseguraban que podía encontrarse? Como si esto fuera poco… ¿Justo lo encuentran un 17 de noviembre, como a Maldonado lo encontraron un 17 de octubre, teniendo en cuenta el significado y el simbolismo que dichas fechas representan para el calendario de la mayoría del pueblo argentino? Y, para más INRI, si es que se comprueba que esto fue así: ¿Era necesario enviar las 67.000 fotografías tomadas por la empresa Ocean Infinity a su base operativa en Estados Unidos antes de ser presentadas a los estamentos pertinentes de nuestro país, vulnerando así la integridad de una prueba de vital importancia para desentrañar el derrotero de nuestros cuarenta y cuatro marinos desaparecidos?
Lo cierto es que el nivel de exitismo reflejado por el Ministerio de Defensa al mando de Oscar Aguad, sumado a la decisión irrevocable de no rescatar el naufragio, y teniendo en cuenta nuevamente que las únicas pruebas en las que se pudiera reflejar las verdaderas causas del siniestro bien podrían haber sido manipuladas en el ‘país del norte’ antes de llegar a las manos de nuestra justicia; generan las condiciones óptimas para la proliferación de una conspiranoia que también pudiera serle beneficiosa a los intereses del gobierno.

En medio de este furioso galimatías de falsos anarquistas, falsos artefactos explosivos, falsos terroristas y falsos encuentros de objetos “perdidos”; y con el clima de época ya asentado, denso y nebuloso, cualquier acontecimiento que tuviera algún cabo suelto podría transformarse en pasto para la especulación -tanto de la inocente como de la miserable-, y así fue.
El martes 20 de noviembre, por la mañana, el Dr. Juan Pablo Labaké tomó la decisión de concluir con su vida arrojándose al vacío desde la ventana de su oficina, en el 5° piso de un edificio de la zona de Tribunales. Hasta aquí, nada del otro mundo: cientos de personas, todos los días, se suicidan saltando desde las alturas o disparándose en la cabeza; es una decisión muy personal a la que nadie tiene el derecho de juzgar.
La partida del prominente abogado laboralista hubiera pasado desapercibida si no fuera por dos curiosos detalles: antes de saltar por la ventana, el Dr. Labaké cubrió su cabeza con una bolsa negra a la cuál encintó para fijarla. Por otra parte, Juan Pablo era hijo de Juan Gabriel (Labaké), quien fuera abogado de Isabel Perón, patrocinara a Zulema Yoma en el juicio por el atentado que terminó con la vida de Carlos Menen (H) y defendiera a Kanoore Edul en la causa por el atentado a la AMIA. Si tenemos en cuenta que, dentro de la casuística del suicidio -y siempre según las estadística-, lo de la bolsa en la cabeza resulta toda una singularidad; y a eso le sumamos su filiación con uno de los pocos hombres que se ha enfrentado cara a cara al sionismo local, en medio de un contexto de persecución islamofóbica perpetrada por el gobierno e impulsada por las entidades que representan al Estado genocida de Israel dentro de la comunidad judía argentina; tenemos ante nuestros ojos a la conspiración perfecta. De repente, los muros de facebook y los grupos de Whatsapp se llenaron de elucubraciones macabras y funestas, que poco habrán ayudado a la familia Labaké a sobrellevar este doloroso momento. Nobleza obliga, debo admitir que yo también me subí al ‘expreso paranoide’ por unas horas, hasta lograr comunicarme telefónicamente con el Dr. Labaké y confirmar la triste verdad: aquella soleada mañana de martes no hubo ni MOSSAD, ni Kidon, ni MI6 o sicarios del Cártel de Medellín; sino más bien un hombre deprimido, quizás atormentado por la incertidumbre que conlleva el hecho de vivir, y que tomo una decisión que debemos respetar, aunque no la podamos entender.
Si esto no fuera suficiente, por la noche tomó estado público la desaparición de Martín Licata, un joven comunicador que estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y que publicaba sus ensayos y análisis políticos, sociales y económicos en medios digitales independientes como la revista Hegemonía o el portal Kontrainfo.com. Llevaba desaparecido desde el sábado 17 por la mañana, cuando dejó su casa con rumbo a una facultad a la que nunca llegó. Desde ese momento, nada más se supo de él hasta que, el miércoles por la noche se confirmó que había sido encontrado muerto en albergue transitorio del barrio de Flores.
Nuevamente el clima en el que estamos inmersos se hizo notar y no tardaron en aparecer las teorías conspirativas. Alguien atribuyó falsamente a Martín la autoría de una investigación sobre los políticos argentinos financiados por la fundación de George Soros publicada en el portal Kontrainfo.com, adjudicándole al mega-magnate sionista la autoría intelectual de su asesinato. Otros intentaron culpar a un -presunto- “comando feminista radical” (posiblemente de mujeres kurdistaníes entrenadas en Cuba), dado que Licata, bajo el seudónimo de D’Amico, solía arremeter con argumentos más que sólidos, contra el posmodernismo que intenta pudrir la unión de la clase trabajadora.
Para bien de la familia y desgracia de quienes lucran con la especulación y la histeria colectiva, la pieza que faltaba en el rompecabezas de la muerte de Martín cayó el día de ayer. Su asesina fue capturada después de una intensa y efectiva investigación de la división de cibercrimen de la Policía de la Ciudad. Ahora podrá comenzar el juicio que nos dará a todos la verdad y le permita a Martín descansar en paz.

Pero los ojos del mundo no se encontraban posados sobre nuestras cabezas únicamente para seguir de cerca el desarrollo de la importante cumbre multilateral. El fútbol sudamericano está viviendo una de sus horas más importantes ante la histórica final entre River Plate y Boca Juniors; y como no podía ser de otra manera, nuestros funcionarios volvieron a hacer el ridículo. Días antes del partido, la policía de la Ciudad de Buenos Aires sufrió una humillante derrota en combate frente a la ‘barra brava’ del Club Atlético All Boy, quienes ‘corrieron’ a los efectivos a puño limpio por las calles de Floresta; amén de las inverosímiles torpezas a la hora del operativo de traslado de los jugadores de Boca Jrs. A las inmediaciones del estadio, lo que derivó en la suspensión del partido gracias a las agresiones recibidas por los mismos.
Volviendo al G20, un diplomático canadiense sufrió un robo por la vía del “arrebato” en plena zona de seguridad, dejaron plantado a Macrón en el aeropuerto y permitieron que un grupo de manifestantes le diga sus verdades a la cara al ‘príncipe heredero’ de Arabia Saudita a menos de 10 mts de su humanidad; amén del himno al no-presidente chino y otras tantas desprolijidades.

Así como dio el puntapié inicial, Bullrich se encargó de cerrar con broche de oro el mes más agitado de los últimos años, articulando un instrumento legal para dar vía libre a la ejecución sumaria que desde hace largo tiempo viene pregonando cual apología del delito.
Y yo, para cerrar esta editorial, también volveré a citar la editorial de agosto del año pasado con la que abrí esta nota: la represión, la histeria colectiva, el miedo, la persecución, y el permiso para matar ¿Son los signos que nos indican el regreso de los ‘años de plomo’?

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

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