Darwin.

Por darwinismo se nombra al conjunto de ideas de Charles Darwin en relación a la evolución biológica con especial hincapié en la noción de selección natural(1). Dicho lo cual, el darwinismo no es sinónimo de evolucionismo, dado que este es anterior a Darwin. Las teorías darwinistas son evolucionistas y no al revés. Por ejemplo, las teorías de Anaximandro Milesio, Empédocles, Aristóteles (que hablaba de la “scala naturae”), Zhuangzi, Al-jahiz, Nasir al-Din al-Tusi, Christian Pander o Jean-Baptiste Lamarck, verbigracia.

Como ya digo, Darwin aporta el concepto de selección natural a la hora de explicar la causa de la evolución, siendo que en un desarrollo posterior (con numerosas aportaciones y correcciones), permitirá la formulación de la teoría de la evolución actual o Síntesis Evolutiva Moderna(2). Motivo por el cual es igualmente equivocado usar el término “darwinismo” para referirse la actual teoría de la evolución, ya que esta no se reduce sólo a las ideas de Darwin al respecto.

O eso se dice, ya que la noción de selección natural se le ocurrió a Alfred Russel Wallace, con el que Darwin mantenía correspondencia. Tanto es así que al darwinismo se le denomina como teoría de Darwin-Wallace(3). La cual consiste en cinco puntos básicos, a saber:1.- Todos los organismos producen más descendencia de la que el ambiente puede sostener (maltusianismo(4) y suposición delirante no comprobada científicamente);2.- Existe una abundante variabilidad intraespecífica para la mayoría de los caracteres (panderismo(5));3.- La competencia por los recursos limitados lleva a la lucha “por la vida” (según Darwin) o “por la existencia” (según Wallace, en ambos casos maltusianismo);4.- Se produce descendencia con modificaciones heredables (lamarkismo(6));y 5.- Como resultado, se originan nuevas especies (lamarkismo “again”).

Conceptos como competencia, lucha por la vida y sobrepoblación, aparecen en “Ensayo sobre el principio de la población” de Thomas Malthus, que es la base de tal hipótesis(7). Así la cosa, el darwinismo (o teoría de Darwin-Wallace) está influenciado en un alto grado por un lenguaje aprendido de sociólogos o publicistas (politólogos), como Thomas Malthus y Herbert Spencer(8). Alfred Russel Wallace reconoció que la lectura de Malthus fue decisiva para la formulación de la teoría de la selección natural. Las ideas malthusianas se conocían y discutían en los ambientes intelectuales de la época (léase logias masónicas, las mismas que le sufragaban los viajes y le promovían, las mismas a las que hubo pertenecido(9)).

La teoría propuesta por Darwin de la evolución de las especies por medio de la selección natural de las variaciones genéticas (que es lamarkiana) lleva implícita una visión de los seres vivos que se puede clasificar como materialista(10). El ser humano no ocupa ningún lugar privilegiado dentro del mundo vivo. Así mismo, las causas primeras y finales no encuentran acomodo en el mecanicismo darwiniano. No hay lugar en la teoría evolutiva para la emergencia de una mente (en un sentido dualista, ya que la generación y evolución de los sistemas nerviosos son procesos estrictamente biológicos y, por ende, físicos). De forma sintética, este materialismo se ve en las siguientes propuestas de Darwin:

1.- Los actos sobrenaturales del Creador son incompatibles con los hechos empíricos de la naturaleza (dicotomía promovida por la masonería en tanto que separación de ciencia y religión(11)).

2.- Toda la vida evolucionó a partir de una o de pocas formas simples de organismos (que no se sabe de dónde salen o cómo se originan a no ser que sea por generación espontánea o “azar”, que es lo mismo que decir: Dios lo quiere).

3.- Las especies evolucionan a partir de variedades preexistentes por medio de la selección natural (sin hablar del “origen”, pese a titular así a su libro).

4.- El nacimiento de una especie es gradual y de larga duración (sin que intervengan factores externos).

5.- Los taxones superiores (géneros, familias, etc.) evolucionan a través de los mismos mecanismos que los responsables del origen de las especies (de los que no se habla en todo el libro entero salvo por el eufemismo “azar”, que es lo mismo que decir Dios lo quiere).

6.- Cuanto mayor es la similitud entre los taxones, más estrechamente relacionados se hallan entre sí y más corto es el tiempo de su divergencia desde el último ancestro común (cuyo origen se elude).

7.- La extinción es principalmente el resultado de la competencia interespecífica (maltusianismo en oposición a que te caiga encima un meteorito o que se abra la tierra bajo tus pies, o se te lleve una ola gigante o que se enrarezca el ambiente, etc.).

8.- El registro geológico es incompleto: La ausencia de formas de transición entre las especies y taxones de mayor rango se debe a las lagunas en el conocimiento actual (y de ahí que jamás se vaya a encontrar un “eslabon perdido”; primero por perdido y segundo por la fantasía materialista que esto es).

El auge de la teoría de la selección natural propuesta por Charles Darwin, apoyada por los poderes fácticos en tanto que les resulta conveniente el concepto de la selección natural y las relaciones interespecíficas, fueron trasladadas a las relaciones sociales (no existe forma humana de aplicar el uno a las otras, porque los desvaríos de Malthus son creencia irracional) y, así, bajo el término peyorativo de «darwinismo social» se han calificado a las ideologías que, lo mismo podían defender el “laissez faire” que el socialismo de estado, el imperialismo o la eugenesia a escala local (promovida por Galton, primo de Darwin). Y que para vergüenza de los tenidos por humanistas y pensantes, son todas.

En síntesis, la teoría darwinista de la evolución es un refrito repugnante, orquestado para la justificación científica de la supremacía del hombre rico anglosajón sobre el resto de la humanidad entera. O, dicho de otro modo, la forma de justificar la idea de Malthus de que los pobres debían de ser erradicados del mundo en tanto que inferiores.

Referencias:
1- Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). “Darwinismo”. Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. ISBN 978-84-670-4189-7.
2- Sampedro, Javier (2002). Deconstruyendo a Darwin. Crítica. p. 22. ISBN 978-84-8432-910-7.
3- Lovejoy, Arthur (1936). The Great Chain of Being: A Study of the History of an Idea (en inglés). Harvard University Press. ISBN 0-674-36153-9.
4- Malthus, Thomas Robert. Ensayo sobre el principio de la población.
5- Schmitt, S. (2005) «From eggs to fossils: epigenesis and transformation of species in Pander’s biology», Int. J. Dev. Biol. 49: 1-8
6- Mayr, Ernst (1982). The Growth of Biological Thought: Diversity, Evolution, and Inheritance (en inglés). Cambridge, Mass.: The Belknap Press of Harvard University Press. ISBN 0-674-36445-7.
7- Rémy Chauvin: El darwinismo, fin de un mito. España: Espasa Calpe, 2000. ISBN 978-84-239-9753-4.
8- Monzón Martín, Bienvenido, y cinco teólogos sinodales anónimos: Refutación del darwinismo. Condena del discurso herético pronunciado en Granada por un catedrático de Historia Natural. [1872]. Edición de Juan José Antequera Luengo. Sevilla: Facediciones, 2010. Alegato del arzobispo de Granada contra el Dr. Rafael García Álvarez, quien leyó su discurso a favor de las leyes evolucionistas de Darwin en la apertura del curso 1872-1873 en el Instituto de Segunda Enseñanza de Sevilla.
9- “Darwin y la religión: historia de un diálogo entre la ciencia y la fe”.Martínez Rica, Juan Pablo. Seminario del Grupo Ciencia, Razón y Fe. Universidad de Navarra, 8 de abril de 2014.
10- López Corredoira, Martín (2009). “Las implicaciones materialistas de la teoría de Darwin”.
11- Papa León XIII. Encíclica “Humanum Genus”.

Por: Javier Pérez Nieto.

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