De cara a octubre, con vistas a diciembre, y un problema filosófico urgente.

Si no es que me encuentro equivocado y mi ya frágil memoria me está fallando, creo que fue para el final de la nota editorial del mes de agosto del año pasado, que hice referencia al asunto que hoy deseo tratar con la mayor profundidad que los ajustados tiempos editoriales me lo permitan.
En dicho texto, solté al aire una sentencia que me fue ampliamente discutida aunque jamás rebatida, acerca del origen común que gran parte de las problemáticas que hoy padecemos tienen. Y esto, en sí, es un problema mucho más grande, si cabe; la madre de todos los problemas de nuestra sociedad, el principal error de base, ese que vuelve inútiles todas aquellas respuestas con las que intentamos abordar los males que afectan nuestro presente.
Probablemente, aquellos lectores de ‘huesos amarillos’ ya se hayan dado cuenta en qué dirección me encuentro apuntando; pero, para quienes aún no entiendan de qué estoy hablando, repetiré la sentencia tal cual la escribiese hace ya más de un año: El problema de esta sociedad no es político, tampoco económico: es FILOSÓFICO.
Como suelo decir, los tiempos editoriales son verdaderamente tiranos, y al día de hoy los nuestros nos están asfixiando; por lo tanto, intentaré abordar este asunto tratando de no introducirme en caminos sinuosos que se presten a una mayor confusión que la que el propio tema posee y genera.
Lo haré a través de un ejemplo muy simple, y en la medida de lo posible evitaré hacer referencia a escuelas o conceptos filosóficos ajenos al dominio de aquellos que no han optado por la filosofía como una materia de estudio o la misma nunca les ha generado un profundo interés; o sea, del común de los mortales.

A partir del comienzo de la década del ’90, la sociedad argentina fue testigo -consciente o no- de la intensificación de un proceso de degradación de sus interacciones, iniciado a principios de los años ’70 y en absoluto ajeno al panorama mundial. Para ponerlo en términos en que todo el mundo lo pueda entender, de lo que estoy hablando es de la “futbolización” de la vida pública.
Por aquellos tiempos, el ámbito donde más fácil podía hallarse el reflejo de esto, era el de la música; de repente, los jóvenes de los sectores marginados y también de los marginales, encontraron un refugio identitario en las agrupaciones de rock en las que depositaron ese irracional fervor pasional que décadas antes habían trasladado desde las manifestaciones políticas a los partidos de fútbol. Entonces, las bengalas y las banderas se hicieron presentes en los conciertos, y la horda de adolescentes traicionados y excluidos por el “sistema” comenzaron también a exigir un protagonismo del que creían ser justos acreedores. Nacieron “hinchadas” que “bancaban” a sus ídolos musicales, los “seguían” en su itinerario de conciertos, realizando su propio “espectáculo” desde abajo del escenario y en simultáneo con el que arriba del mismo se llevaba a cabo; consecuentemente con la expansión de esta “cultura”, dichas manifestaciones fueron adoptando paulatinamente todos los aspectos del carácter propio de las que se daban en las gradas de los estadios cada fin de semana, llegando a un punto en que los “ídolos” y la “liturgia” que habían montado a su alrededor ya no eran alimento suficiente para saciar esas irrefrenables ansias de protagonismo que una juventud despojada de su lugar y su función social padecía. De esta manera, fueron exacerbados artificiales antagonismos a fin de “sacralizar” los diversos conjuntos de actitudes y consumos identitarios de las distintas “tribus urbanas”, dividiendo a la juventud entre “rolingas”, “metaleros”, “cumbieros”, “chetos”, etc; quienes peleaban entre sí para demostrar quién era más “puro”, más “anti-sistema”, más “original”, e incluso más “argentino”. Con el correr de los años, el círculo fue cerrándose y más de 40 años después, esta concepción de la vida social retornó a su fuente original: el ámbito político.

Hoy asistimos al recrudecimiento de este fenómeno, ya asentado en la matriz política de nuestras juventudes, que no sólo se refleja en las conductas de la militancia política de base y en la retórica de los dirigentes; ha desembarcado en el mundo de la estrategia electoralista pura y dura, y en la vida social de todos los argentinos a través de los medios de comunicación.
Esto que aquí expreso no es ninguna novedad, todos los argentinos conocemos muy bien el concepto de “grieta” que los medios de masas se han esforzado por instalar. Así como en el transcurso de la década del ’90 vivimos la disputa entre “rockeros” y “cumbieros”, a principios de la década que terminará en un par de meses fuimos sumergidos en la violenta dicotomía entre “los k” y los “anti-k”. A principios de siglo también conocimos la fractura interna y la atomización de estos “movimientos”, donde -a modo de ejemplo- los “metaleros” debatían entre Almafuerte o Malón o entre el “verdadero metal” y el “metal comercial”, o también entre el fenómeno de la “cumbia villera” que abandonaba los pasillos de la indigencia para ser asimilada por los sectores más pudientes de la sociedad y la “cumbia colombiana” o “cumbia romántica” que volvía a instalarse como “amo y señor” de las ‘bailantas’ populares del conurbano bonaerense. En ese sentido, el patrón comparativo es más que evidente: al seno del “anti-kirchnerismo”, la disputa se da entre los sectores que representan al ‘liberalismo progresista’, los ‘libertarios talibanes del mercado’ y los ‘conservadores’; aunque, en realidad, podríamos nombrar algunos sectores más. Por el lado del “kircherismo” -o, por lo menos, lo que desde la otra orilla se entiende como tal-, la atomización y consecuente confrontación entre los diversos sectores que lo componen, adquiere un carácter bastante más intenso y verdaderamente trascendental para el próximo capítulo de la lucha de intereses que nos concierne como país dentro del tablero del ajedrez global. Dicho de otra forma, las ‘camarillas’ propias del “anti-kirchnerismo” no son otra cosa que un cotilleo farandulero superficial y despojado de toda importancia, dado que todos los bandos de dicho contubernio se encuentran irrestrictamente alineados a los intereses de un solo sector de la política internacional; sin embargo, dentro de lo que vulgarmente se conoce como “kirchnerismo” coexisten diversas corrientes de pensamiento o expresiones políticas, y algunas de ellas realmente representan un peligro para el ‘status quo’ de lo que algunos llaman “globalismo” o -cuanto menos- plantean un camino político alejado de los intereses de las facciones que discuten por el ‘poder mundial’.

En el lado “K” de la “grieta”, todos sus distintos componentes giran en torno a un eje llamado ‘peronismo’ que, lejos de ser un ideología política o cosa similar; fue concebido como un movimiento social, filosófico y cultural basado en una doctrina profundamente ligada a la idiosincrasia propia de un pueblo argentino marcado a fuego por la invaluable herencia civilizatoria que la Madre Patria le ha legado. Dicho de una manera más simple, el ‘peronismo’ es la expresión de la hispanidad vista desde los ojos de la argentinidad y así cristalizada como doctrina: una filosofía de la vida simple, práctica, popular, profundamente católica (no en el sentido eclesiástico, sino en sentido etimológico de la palabra griega katholikós, UNIVERSAL) y profundamente humanista.
Desde su irrupción en la vida política y la vida pública argentina, el ‘peronismo’ supo calar tan hondo en el alma de TODO el pueblo argentino -tanto en sus adherentes como sus detractores- que fue apropiado por cada uno de los sectores de la sociedad y convertido en un mito por estos, construido desde su propia y particular visión de la historia. Algunos lo creyeron “el fascismo argentino”, otros lo vieron como “la revolución proletaria”, y otros tantos lo entendieron como lo que realmente quiso ser: la liberación de las cadenas imperialistas con las que, ya sean anglosajones o soviéticos, pretendían convertirnos en sus mascotas coloniales. Lo cierto es que, a través del tiempo, el ‘peronismo’ se convirtió en la máxima expresión de la lucha popular y eso no cambiará jamás.

No obstante, esta mitificación y mistificación del ‘peronismo’ ha derivado en un problema que hoy le viene como anillo al dedo a quienes exacerban los antagonismos que sirven como método de distracción para mantener a la sociedad ajena al saqueo reinante.
Para no extenderme más de la cuenta, a partir de este punto seré sintético, lo que significa que obviaré una cierta cantidad de detalles que más de uno plasmará en los comentarios con la intención de invalidar mis tesis. Bienvenidos sean, siempre y cuando se expresen con el debido respeto y su intención además de crítica, sea constructiva y aporte seriamente al debate; entiendan a esta nota editorial como lo que es, la expresión de una opinión y no la imposición de una verdad revelada y absoluta, por tanto es indispensable que sea puesta en duda y cuestionada.

A partir de la segunda mitad del mandato presidencial de Mauricio Macri, el recrudecimiento de la puja dada en las entrañas del “kirchnerismo”, se ha desnudado por cuenta propia mostrando la fragilidad de un armado político que -curiosamente- se sostiene por el peso de esta confrontación y las constantes fricciones; o sea, sea ha logrado construir un bloque que resulta monolítico gracias a las divergencias internas y no por la ausencia de las mismas, y ese hecho tan particular en la política es intrínseco del ‘peronismo’ y es lo que lo ha ayudado a mantenerse no sólo con vida sino con absoluta vigencia a través del tiempo.
No obstante, existe un aspecto de esta puja que atenta con destruir toda la construcción política que ha derivado en la potencial caída del régimen ‘macrista’, y que se ha logrado gracias a un descomunal esfuerzo de todos los sectores que confluyen -de una u otra forma- en el ‘peronismo’. Me estoy refiriendo a la disputa entre los sectores fuertemente ligados al progresismo posmodernista y aquellos que se jactan de ser la más legítima expresión de un “peronismo auténtico y doctrinario”. Esta “guerra” interna se sustenta, al igual que el concepto de la “grita”, en una concepción puramente maniqueísta donde la vida misma es reducida a una supuesta lucha entre “el bien y el mal” donde cada uno de los dos bandos se autoperciben como la genuina expresión de la pureza, la justicia y la bondad, entendiendo al bando contrario como el mal encarnado.
En este camino, hemos visto como las “almas de luz” de la progresía autopercibida peronista, han tergiversado la historia en aras de sus intereses sectoriales convirtiendo a una anti-feminista expresa como Eva Perón en la defensora por antonomasia del aborto y la “ideología de género”, o a un militar conservador como Juan Domingo Perón en un líder comunista y guerrillero. Pero también fuimos testigo de cómo aquellos que se jactan de un “puritanismo doctrinario” han querido colocar a estas figuras en posiciones políticas e históricas que le fueron ajenas. A todo esto, un hecho que salta a la luz, es que de un lado jamás se ha leído la doctrina peronista y del otro se lo ha hecho sin siquiera comprenderla; y he aquí el quid de la cuestión ya que, en este delirio confrontatorio, está latente la posibilidad de volver a tropezar con nuestras propias torpezas. Por un lado, la de los dirigentes que puede llegar a cometer las peores imbecilidades posibles a fin de contener y contentar a ambas “tribunas”, como si una final de campeonato pudieran salir victoriosos los dos equipos y, al final de la jornada, las dos “barrabravas” pudieran festejar juntas y abrazadas en el Obelisco. Por el otro, que quienes nos encontramos rehenes en el medio de esta confrontación en la que no adherimos a ninguno de los dos bandos en disputa, perdamos de vista y -peor aún- desestimemos cuestiones obvias como el financiamiento que ambos sectores reciben de parte de esos intereses que, a sabiendas o no, defienden; y que dicha cuestión se encuentra estrechamente ligada a los distintos modelos económicos de saqueo que se han implementado en nuestro país tras el comienzo de la última dictadura CÍVICO-militar.
Negar que tras el progresismo de corte posmoderno se encuentran las ONG’s que constituyen el ‘brazo político’ de las ‘potencias’ económicas y militares de la OTAN es una estupidez tan grande como el negar que tras los “doctrinarios” se ocultan los intereses de las ‘potencias’ no alineadas como Rusia y China; negar que tras el movimiento abortista y el feminismo radical se encuentran al Banco Mundial y el ‘cartel financiero’ es un hecho tan subnormal como el de ignorar que el aborto clandestino es un grave problema de salud pública que debe ser resuelto cuanto antes para que muchas mujeres puedan ejercer plenamente su derecho a la salud y el bienestar; y, también, afirmar que este problema es más urgente que el que sufren las mujeres de las barriadas populares que mueren a diario por inanición, es peor.

En fin, nos queda muy poco tiempo para ajustar las tuercas y despojarnos de confrontaciones estériles que únicamente nos distraen de las acciones de los verdaderos enemigos del pueblo y la nación. La batalla final será a final de este mes, y el objetivo no debe ser perdido de vista: o echamos del gobierno al ‘macrismo’ y los delincuentes que lo componen, o la progresía y la puritanía doctrinaria pasarán los próximos 4 años viendo morir de hambre al pueblo por el cual se rasgan las vestiduras y dicen defender.

Por: Nicolás Escribá.
Periodista profesional MN 14.779

Artículo publicado en REVISTA INSOMNIO #7
Si desea leer más publicaciones como esta, puede suscribirse a REVISTA INSOMNIO por sólo $10 (ARS) por día* haciendo clic en el siguiente enlace:
http://mpago.la/1vvqT6
comprar un ejemplar de REVISTA INSOMNIO #7, haciendo clic en el siguiente enlace:
https://www.mercadopago.com.ar/checkout/v1/redirect?pref_id=137154233-f7b7f1a3-67ef-47d5-88e1-ab9eefc7af8e

*Suscripción anual de cobro mensual mediante débito automático. Valor fijo (no aumentará jamás) de cada cuota mensual: $300 (ARS). Método de pago: tarjetas de crédito/débito a través de la plataforma de Mercado Pago. Renovación automática. Podrá darse de baja en el momento que lo desee sin la obligación de pagar los meses restantes ni costo alguno por la anulación de la suscripción. Si tiene alguna duda, puede comunicarse con nosotros a: revista.insomnio@gmail.com

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*