Época de síntesis. Sueños del futuro.

Llegamos a octubre y pareciera que este año fueron muchos años, todos en simultáneo, y que reposan sobre nuestros hombros. El peso específico lo dan los datos de la pobreza (esa que en términos peronistas no define a nadie sino que es un estado que puede modificarse), la realidad efectiva de una economía que no le alcanza a nadie ya y lo que nos pasa a diario. Atravesamos tiempos críticos y nos vienen a convidar no ya de tanta mierda, como decía Silvio, sino de tanta injusticia.

Porque la esencia de lo que nos pone a discutir las agendas que le adjudicamos a la progresía es su visceralidad: cada reclamo de los que nos interpelan, para bien o para mal, provienen de una necesidad legítima de rever nuestros valores y redefinir algunos paradigmas con los que nos vinculamos. Cada tanto sucede que nos encontramos en un punto de inflexión y eso nos lleva, irremediablemente, a repensarnos en base a los desafíos que avecinan y las dificultades que superamos, ya que de ahí proviene todo aprendizaje desde lo individual hacia lo colectivo y viceversa.

Las crisis, como se dijera en oriente, significan también oportunidad y eso podemos verlo materializado en el recorrido estratégico que hizo el peronismo en todo su espectro: desde el “Hay 2019” del Alberto hasta el sacudón de las PASO, todo lo que acontenció fue la praxis de haber comprendido a Perón en su esencia: persuadir, no obligar; generar consensos; peronistas son todos, sólo que algunos todavía no lo saben. La construcción de un frente amplio y articulado no es otra cosa que el reflejo de la comunidad organizada argentina, conglomerado heterogéneo si los hay. Y allí cada quien tiene su representante y su némesis. En esa construcción entran por izquierda y por derecha porque la Tercera Posición justicialista, como describe Daniel Santoro con sus modos tan hermosos, es el vacío que queda en medio entre un extremo y su opuesto. Es el espacio a ocupar.

Y con qué lo vayamos ocupando es lo que define hacia dónde nos dirigimos como conjunto en cada momento. De ahí la importancia de comenzar a pensar y a definir, en todas las instancias de nuestra vida cotidiana, de qué manera nos vamos conteniendo y comprendiendo los unos a los otros, ya que la convivencia entre las distintas versiones de lo que este momento requiere y reclama no es negociable. Necesitamos encontrar formas de discutir en las que se puedan redireccionar voluntades hacia el bien común. Porque muchas buenas intenciones mal canalizadas pueden ser peores que un mal hecho adrede, ya que no hay manera de encontrar verdaderos culpables cuando las consecuencias nos atraviesan a todos por igual.

¿O acaso podemos mofarnos de que a un empresario ahora le esté yendo peor que antes? Esto hablando de los trabajadores, claro está. Los oligarcas no entran en ninguna de las consideraciones que podamos tener sobre la coyuntura actual. Pero pensar que una empresa, una fábrica o un negocio local cierran sus puertas siempre y sin excepción trae consigo algún tipo de equilibrio en el que los trabajadores somos menos afectados es una falacia insostenible. No hay manera de celebrar que un vecino cierre su negocio, por más contrario que sea su pensamiento del nuestro. Y no se trata de ser amorosos y santos de mil mejillas ni mucho menos, sino de pensarnos en términos comunitarios sin que las posiciones sean un obstáculo.

Sí un desafío permanente, no podemos ni debemos prescindir del oponente en el sentido en que se manifieste, porque si no tenemos un otro que nos ofrezca un dilema, una ecuación a resolver, entonces perderemos el rumbo porque no habrá diferencias en el terreno a ocupar. Tierra arrasada, el campo arado, el pasto cortado. Todo heterogéneo y llano. Un perfecto conglomerado de no-humanidad muy de acuerdo en todo, tanto que puede prescindir de cuestionarse, de enojarse, de recuperarse y aprender. Por eso el peronismo molesta: no es sólo la “cosa de negros”, no se limita a la cuestión física. El problema es, como también dice Daniel Santoro, que deseamos. No nos vamos a conformar con que nos digan qué hacer, somos exactamente como nos describió Borges: incorregibles.

Entonces si nos asumimos a nosotros mismos como múltiples interpretaciones (más o menos rígidas) sobre lo que es Perón y lo que significa el peronismo, ¿cuál es el fundamento de cuestionar las motivaciones del otro para manifestarse y reclamar por algo que creen justo? Pero esto lo explica perfectamente Perón, en la Declaración de Principios de la Doctrina Peronista:

“El movimiento acoge a todos los hombres sinceros y honrados».

Hay otro aspecto que también quería mencionar: me refiero al de los prejuicios y de los preconceptos. Nuestro movimiento ha sido formado por hombres que llegan a él desde los más diversos rumbos. Nosotros no hemos preguntado de dónde vienen, sino que hemos preguntado quiénes son y qué es lo que piensa y hacia adónde van. Esta debe ser una norma para nosotros, porque nuestra aspiración ha de ser que todos los argentinos que piensen como nosotros y que estuvieron equivocados honradamente se coloquen a nuestro lado para luchar, cualquiera sea su procedencia o cualquiera haya sido su equivocación. Nosotros, como un movimiento popular, no podemos «a priori» descartar a los hombres que sean honrados y decentes, vengan de donde vengan, sepan lo que sepan, sientan lo que sientan, siempre que estén de acuerdo en que es necesario ponerse a trabajar sin descanso para corregir los males de la Nación y para llevar nuestra tierra al puerto de la gloria y de grandeza que cada uno de los argentinos bien nacidos debe desear para su patria.

Por eso yo mismo estoy realizando actualmente una política que creo que es justa: una política de acercamiento de todos los hombres que puedan haber pensado de distinta manera que nosotros, siempre que vengan de buena fe a colaborar. Todas las fuerzas son utilizables en nuestro movimiento, si son nobles y leales, y todos los hombres serán bienvenidos si vienen con lealtad y con sinceridad a servir bajo nuestra bandera. Esta amplitud es la que nos va a hacer triunfar. La historia de todos los movimientos del mundo demuestra que los movimientos colectivos fracasan cuando se sectarizan y triunfan cuando se universalizan.

Esa debe ser nuestra concepción del movimiento. Todos deben venir a él con una condición: servirlo lealmente, pensando que dentro de este gran movimiento todo es posible y que todos pueden tener razón. Serán los hechos y la marcha los que nos irán indicando esa razón y si esos hombres han tenido derecho a discutirnos nuestras propias doctrinas. Nosotros no somos impermeables a la discusión, no queremos imponer, queremos proceder, y queremos proceder con los hechos que es el mejor procedimiento que puede utilizar el hombre.

Si nuestro movimiento, con una gran amplitud, sin sectarismos de ninguna naturaleza, sin coerciones que puedan ejercerse en ninguna forma, avanza por el camino ancho de la verdad y de la realidad, no tenemos nada que temer.

Si nos sectarizamos, iremos perdiendo paulatinamente la fuerza con que contamos y nos convertiremos en un movimiento que vivirá en su torre de marfil, pero que no representará dentro de la República, el sentir del conjunto, transformándose en un pequeño organismo que marchará contra la corriente.

Los movimientos populares son también cuantitativos y en la selección de la especie humana es necesario tomar la totalidad de sus miembros, no seleccionando partículas de un pequeño sector que nada representa y que nada es.

Nuestro movimiento es popular. Luego, el pueblo tiene libre acceso a él y dentro del mismo tiene libertad de pensamiento y el derecho a imponer su voluntad, si ella es superior.

Por eso yo uso la tolerancia aun contra la intolerancia. Dejemos ahora las armas y como digo a menudo, tomemos el violín que puede ser más efectivo. Esto es de una gran sabiduría, aunque lo exprese de una manera simplista”.

Y esa “manera simplista” que tenía Perón, como la que tenemos los padres con nuestros hijos o incluso con nuestras mascotas, a quienes les tenemos una paciencia adicional para explicarles las reglas de nuestros mundos, es la clave para poder construir la Comunidad Organizada que todavía podemos ser. Es por ahí, hacia allá. Y puede ser ahora.

Por: Romina Rocha.

Artículo publicado en REVISTA INSOMNIO #7
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