Guerra en Venezuela, xenofobia progresista, mercenarios varios y noticias falsas.

Desde el final de las últimas dictaduras militares del S.XX, Hispanoamérica ha transitado ecléctica de lo sublime a lo ridículo; sin embargo, en la última semana la historia en Venezuela dio un violento vuelco de lo ridículo a lo siniestro. Un diputado se auto proclamó Presidente de la República frente a un puñado de locos enajenados y exacerbados en una plaza y, para mayor “chiste”, terminó siendo reconocido -como no podía ser de otra manera- por las potencias occidentales que esperan ansiosas, con la servilleta en el cuello y los cubiertos en las manos, devorarse las inmensas reservas de recursos naturales “no renovables” del país caribeño. Al principio, todos nos reímos mucho con la situación, a mi hasta se me ocurrió la idea de auto proclamarme “Primer emperador del nuevo Imperio Español” en la plaza Balcarce, frente a la hinchada de Defensores de Belgrano, y esperar a que algún mandatario despistado reconociera la autoridad de mi “régimen”. Pero las cosas se tornaron color de hormiga en los últimos días, vigorizando la amenaza potencial de una invasión a la República Bolivariana encabezada por los Estados Unidos y las fuerzas de la OTAN. Ahora, el tema no da más para humoradas -si es que en algún momento realmente dio para algo así- y los negros nubarrones en el cielo de la historia auguran tormentas irrefrenables como reflejo de la profundización de los malos tiempos que hoy sufrimos. Pero es “evolución”, nena.

Con tantos padecimientos que venimos sufriendo en nuestro país ¿Por qué elegí la problemática venezolana como tema central de esta nota editorial? Para empezar, hoy leí una nota de Gustavo Paura(1) analizando la relación macrismo-escuálidos a partir de un video de “Pete” Robledo en una concentración de inmigrantes venezolanos en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Luego, me llegó un trascendido sobre el arribo de “mercenarios” israelíes a Brasil “bajo la excusa” de colaborar en las tareas de rescate tras la inmensa tragedia acontecida en Minas Gerais. Unas horas después, de otra fuente (bastante confiable, aparte), me llegó el mismo rumor pero con la ecuación invertida: “mercenarios” pertenecientes a empresas militares privadas de capitales rusos altamente entrenados y listos para combatir a las órdenes del Ejército Bolivariano. Sinceramente, no venía siguiendo con atención los acontecimientos venezolanos más allá del payasesco acto del diputado Juan Guaidó; recién ahora me estoy anoticiando de todo lo sucedido. Me encuentro en pleno desarrollo de un reportaje para el número lanzamiento de nuestra edición digital sobre las compañías militares privadas, y fueron estos “soplos” que recibí sobre la presencia de “mercenarios” los que me impulsaron a estudiar el asunto en profundidad. Y debo decir que lo leído hasta ahora supera con creces mis más pesimistas expectativas.

El último conflicto armado en el sur de la América hispana ocurrió hace veinticuatro años, cuando el Perú y el Ecuador se enfrentaron en lo que fue denominado como “La Guerra del Cenepa” de 1995. La ‘paz’ llegaría cuatro años después, tras las firma del “Acta de Brasilia”. Con el correr de los años en este lado del continente nos hemos ido acostumbrando a la comodidad de que las guerras emprendan su desarrollo en territorios lejanos y poco conocidos, países cuyos nombres a veces nos resultan ‘curiosos’ y que la mayoría de los hispanoamericanos ni siquiera podemos ubicar correctamente en el mapa. Ahora, la guerra está golpeando nuestras puertas nuevamente, y me encuentro muy asustado. No por la guerra en sí, por su desarrollo o sus consecuencias para millones de hermanos venezolanos, la región en general y nuestro país en particular; lo que me produce pánico es leer y escuchar ciertas opiniones, tanto de gente preparada y experimentada, como de la de a pie. Es espeluznante tomar consciencia de la escasa comprensión de la realidad efectiva y la -prácticamente nula- capacidad de análisis que muchos compatriotas exponen casi como con orgullo. Hasta me enteré que un ‘viejo lobo de mar’ está tratando de formar un ‘comando guerrillero’ argentino con la intención de combatir junto al Ejército Bolivariano y las milicias populares venezolanas, lo que constituye la prueba más contundente de un definitivo divorcio con la realidad; pero es evolución, nena.

Las opiniones atolondradas, superficiales y extremadamente livianas no son patrimonio exclusivo de alguno de los dos bandos. Tanto los ‘chavistas’ como los ‘escuálidos’ o ‘pitiyanquis’ dan muestras cabales de su terrible ignorancia cada vez que abren la boca o las redes sociales. Una guerra nunca puede ser motivo de festejo o algarabía, y mucho menos debe ser tomada de una manera tan pueril y superflua. Estamos a segundos de abrir la ‘caja de Pandora’ y exponer a nuestra región a una desestabilización atroz, y aún a pesar de los resultados, no habrá nada ni nadie que nos libre de sufrir y pagar las consecuencias. Pero eso, justamente eso, es “evolución”, nena.

Como si esto fuera poco, otra cosa que se percibe patente, es el altísimo grado de xenofobia del que, incluso los sectores menos sospechados, terminan siendo presa, como los progresistas de la ‘escuela’ de Cerruti, que en medio de un delirio persecutorio se atreven a elucubrar grotescas conspiranoias que además de ofender y agraviar a los inmigrantes venezolanos que eligieron nuestro país para continuar con sus vidas, insulta la inteligencia y los valores humanos de cualquiera que se precie de considerarse una persona. Sí, es verdad que muchos venezolanos recién llegados serán manoseados y descaradamente utilizados como forros por los medios masivos de comunicación para hacer campaña por el macrismo, haciéndolos pronunciarse en las pantallas de televisión y los micrófonos de las radio emisoras relatando ‘lo miserable de la vida en el país caribeño gobernado por la “dictadura” de Maduro’; pero no los dejarán hablar de la explotación laboral que muchos de ellos sufren incluso a pesar de cargar con títulos universitarios, o de la discriminación que padece cualquier inmigrante no europeo en las principales ciudades de nuestro país. Ya lo hicieron el liberalismo de Álvaro Uribe Vélez y las embajadas norteamericana e inglesa en tierras de Colombia, moviendo el amperímetro en detrimento del candidato Gustavo Petro en las últimas elecciones presidenciales. Es así, de eso habló Paura en su análisis, y es algo deleznable que conforma una afrenta flagrante hacia el -a pesar de todo- hospitalario pueblo argentino; no obstante, más allá de ser un insulto, no es nada a lo que debamos tener miedo. La cantidad de inmigrantes venezolanos, si los sumamos a los inmigrantes colombianos, no supera las doscientos cuarenta mil personas, de los cuales menos de un tercio se encuentran naturalizados y habilitados para votar, a diferencia de lo sucedido en el ‘país cafetero’ donde los venezolanos superan el millón de individuos(2) y una porción pequeña (aunque mayor que la nuestra, teniendo en cuenta que el número de habitantes tanto de nuestro país como de Colombia es parecido) se encuentra habilitada para votar. Por otro lado, es difícil que sus intervenciones mediáticas pudieran convencer a una parte significativa de la ‘clase media’ argentina que, de por sí, ya es un tanto xenófoba, y que no pareciera estar demasiado contenta con la presencia de tantos caribeños, principalmente en la Ciudad de Buenos Aires; amén de que, una vez pasado de ‘moda’ el acontecer venezolano, los medios dejarán de prestarle atención y encontrarán un ‘juguete’ nuevo con el cual abonar a la campaña de quien más les convenga. Así es la “evolución”, nena.

Ahora sí, quiero entrar en la cuestión principal que motivó esta nota editorial: la -presunta- presencia de “soldados de fortuna” alistándose para una -posible- futura guerra en Venezuela. El negocio del ‘mercenariato’ es, desde los conflictos armados de principios de la pasada década, uno de los negocios más rentables del planeta. Cientos de compañías surgieron al calor de la tercerización laboral del sector marcial mamando de los contratos expedidos por el Pentágono y los ejércitos de las potencias, no sólo occidentales. Rusia, China, Inglaterra, Israel, Francia, Italia y España -entre otros- tienen sus propios mercados para las CMP’s; Brasil ya tiene su propia multinacional de la guerra; en Argentina, Chile, Perú y Colombia operan algunas de las empresas más poderosas del sector, ya sea brindando seguridad privada para el Estado como reclutando y entrenando jóvenes soldados para engrosar sus nóminas de empleados y enviarlos a trabajar en las guerras civiles africanas o a colaborarle a las monarquías “del Golfo” en el genocidio que desde hace cinco años perpetran en Yemen. Y eso es también es “evolución”, nena.
Ni bien recibí la información referente a los “mercenarios” israelíes comencé una búsqueda desesperada. Al principio, me hice eco de las palabras de Vladimir Padrino López, Ministro de Defensa de Venezuela: “Estamos esperando a los mercenarios” reza el título de una nota publicada en el portal mexicano Excelsior (3) firmada con las iniciales “jrr”. Y continúa: “(…) afirmó este lunes que la Fuerza Armada está esperando a los ‘mercenarios’ que quieran ingresar a Venezuela y dijo que la Ley de Amnistía que promueve la oposición para militares y funcionarios es un instrumento de ‘manipulación’”.
¿Por qué el Ministro de Defensa de Venezuela realiza declaraciones públicas refiriéndose a unos -presuntos- “mercenarios” a quienes dirige un claro mensaje de advertencia?
Tras la lamentable tragedia de Minas Gerais, el Estado ilegítimo y genocida de Israel envió un contingente de militares (según el medio con el que uno se informe, la cantidad oscila entre 130 y 150) junto con dieciséis toneladas de equipamiento tecnológico para ayudar en la búsqueda de los más de trescientos desaparecidos por el colapso del dique de residuos mineros de Vale en Córrego do Feijao. Lo cierto es que la tecnología israelí fue inútil, como lo detalla un artículo publicado el día 29 de enero en el portal de Hispan TV (4).
El arribo de estos militares extranjeros al Brasil despertó la suspicacia de más de un “analista internacional”. Inmediatamente las redes sociales se llenaron de posteos denunciando la presencia de “mercenarios” israelíes en el continente en aras de apoyar una -presunta- futura invasión norteamericana a Venezuela. No obstante, hay que tener en cuenta que estos soldados no son mercenarios ni contratistas, sino miembros regulares de las FF.AA de Israel. Por otro lado, constituyen un número algo escaso para tratarse de tropas de apoyo. Además, hay que tener en cuenta que, por más bien entrenados y pertrechados que pudieran estar, la geografía caribeña poco tiene que ver con su entorno natural; la selva, la sabana y el monte difieren enormemente con las arenas del desierto medio oriental y las estrategias militares adecuadas a estos entornos también difieren en demasía, por lo que los soldados israelíes necesitarían no meses sino años de entrenamiento para poder desplegarse con verdadera soltura y eficacia en dicho medio ambiente.
Aún así, podríamos sospechar sin culpa alguna que la verdadera función de estos militares extranjeros en Brasil pudiera ser la de entrenar a las tropas brasileñas tanto en estrategias de defensa fronteriza (cosa en la que los soldados israelíes tienen sobrado conocimiento y experiencia) como en tácticas de invasión (de la que también rebosan en saberes), e incluso que parte de las dieciséis toneladas de tecnología inservible realmente pudieran ser pertrechos para otro tipo de mercenarios que sí tenemos constancia de que operan en la región (posiblemente de nacionalidades argentina, peruana, chilena, ecuatoriana y colombiana) al servicio de empresas como G4S, Xe Service (ex Blackwater), Loockhead Martins, Northrop Grumman o Dyn Corp. Sin embargo, es importante no hacer especulaciones peregrinas con base en simples indicios, sin pruebas contundentes y contrastables, porque de este modo lo único que estaremos haciendo es abonar la ya nutrida y siempre perniciosa histeria colectiva.

En definitiva, la presencia de “mercenarios” israelíes apostados en Brasil en vistas a una futura invasión a Venezuela, por el momento, no es más que una elucubración especulativa con tintes conspiranoicos, pero basada en informaciones verídicas sobre una situación real que se está sucediendo en este mismo momento. Caso contrario es el de los mercenarios rusos al servicio de la compañía militar privada llamada Wagner Group -supuestamente- enviados por el Kremlin para servir de “guardaespaldas” a las más altas esferas del gobierno venezolano. A partir de este punto, entraremos en un confuso lodazal de informaciones, contrainformaciones, fuentes anónimas, desmentidas públicas, noticias corregidas y modificadas pero, sobre todas las cosas, indicios circunstanciales y una ausencia atroz de evidencias contundentes y contrastables.
Para empezar, medios de masas nacionales como Clarín, La Nación o Infobae levantaron la noticia citando como fuente al periódico inglés The Guardian, que a su vez cita como fuente a la agencia -también británica- Reuters (5). El artículo original publicado el día 25 de enero del corriente(6) se encuentra firmado por los periodistas Maria Tsvetkova y Anton Zverev. Antes de entrar en detalle sobre la nota, quiero hacer una pequeña referencia a Tsvetkova, para establecer cuál es la óptica desde la que ejerce su labor de periodista, y con esto no quiero hacer un juicio de valor sobre su trabajo -que, en principio, me parece loable y me ha servido para complementar nuestro reportaje sobre compañías militares privadas-, sino dejar en claro cuál es su línea editorial y qué intereses defiende (consciente o inconscientemente). Tsvetkova no sólo trabaja para la agencia Reuters, también lo hace para otros medios de prensa británicos como Daily Mail, MSN UK y The Independent; y medios norteamericanos como Bussines Insider, Time Magazine y AOL. Al juzgar por la gran cantidad de artículos de su autoría a los que pude acceder, es una tenaz denunciante contra las CMP’s rusas en particular, y el gobierno de Putin en general. El 4 de noviembre de 2016 publicó un artículo en el diario argentino La Nación (7), también escrito junto a Anton Zverev y traducido por el traductor literario, poeta y dramaturgo Jaime Arrambide. La nota trata sobre la intervención de “contratistas” privados rusos en la guerra de Siria y el siniestro trasfondo que rodea a dicha actividad. Como ‘para muestra basta un botón’, ya desde el título podemos percibir cuál es su posición cuando se refiere al legítimo gobierno de Al Assad como un “régimen”.
Dicho esto, comencemos a desmenuzar el artículo publicado en Reuters sobre la presencia de mercenarios rusos en Venezuela. Si bien cuidar el anonimato de nuestras fuentes constituye una de las partes más importantes del noble oficio periodístico, considerar el testimonio de una o varias fuentes como pruebas y producir una noticia con base en ellas sin exponer ni un solo documento que certifique la autenticidad de la información obtenida y comunicada, es de una irresponsabilidad superlativa y -a grandes rasgos- eso es lo que hizo Maria Tsvetkova. A lo largo del texto puede leerse cómo hace referencia a “datos de acceso público”, principalmente sobre seguimiento de vuelos y de contratos públicos del gobierno ruso para la utilización de aviones específicos, sin embargo no brinda ningún dato concreto con el que el lector pudiera hacer su propia investigación. No hay mención a las matrículas de las aeronaves, o a los nombres de alguno de sus tripulantes, mucho menos fechas exactas de partidas y arribos o siquiera el nombre de algún aeropuerto.
En el artículo podremos encontrar pasajes citando a una fuente anónima que asegura que “ya había mercenarios rusos en Venezuela desde principios de año” pero que “no puede precisar cuándo llegaron y cuál es el papel que allí juegan”. La única fuente de la que dan nombre y apellido es Yevgeny Shabayev, un inescrupuloso líder “cosaco” que comanda una organización para la defensa de los derechos de los veteranos de guerra, muy ligados éstos al mundo de las CMP’s, al que se lo vincula con ciertos sectores del Kremlin. Según relatan, Shabayev ha tenido contacto y ha brindado el testimonio de familiares de los “contratistas” militares que viajaron a Venezuela, sin embargo esto a ha sido desmentido categóricamente, no sólo por el gobierno ruso sino por los propios familiares citados por Shabayev.
A continuación, Tsvetkova se refiere a la desmentidad de Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, asegurando que su respuesta fue “No tenemos información al respecto”; sin embargo la realidad es diferente. La desmentida realizada por Peskov en el programa de televisión ruso “Moscú, Putin, Kremlin” fue contundente: “No, claro que no” fueron sus verdaderas palabras(8)(9). Y esto es el principal motivo para creer que el rumor es falso ya que en otros casos como los de Siria, Ucrania y Gabón; el Kremlin ha aceptado la participación de mercenarios de la compañía Wagner Group en tareas de espionaje, inteligencia y protección de empresas rusas asentadas en los mencionados territorios, más allá de que la propia ley rusa prohíbe la participación de “contratistas” y militares para empresas privadas fuera del territorio ruso.
Lo más sospechoso de todo es que, menos de una semana después de publicada esta nota en Reuters, el diario ruso Novaya Gazeta levantó la información agregando una serie de datos contradictorios y nuevamente incomprobables(10), que luego fueron levantados por la propia Reuters en nuevo artículo -esta vez publicado sin firma- en el que, en un principio y llegando a los párrafos finales, citan a la publicación rusa de corte “ultra” liberal y opositor al gobierno de Putin, como la fuente original del “rumor” (así es como lo denominan en el título) de la presencia de mercenarios en Venezuela(11). No obstante, el artículo luego fue corregido y, entre las correcciones, modificaron el párrafo donde le atribuyen el origen de la información a Novaya Gazeta para reemplazarlo por lo siguiente: “El periódico ruso Novaya Gazeta informó que el avión voló con dos tripulaciones y sin pasajeros.”. Lamentablemente no cuento con capturas de pantalla para demostrar esto, puesto que la “corrección” se dio en medio del desarrollo de esta nota editorial.

Con esto no quiero hacer una negación ‘per se’ sobre la presencia de mercenarios, tanto rusos como israelíes, a la espera de una futura beligerancia en tierras del Comandante Chavez. Por otro lado, casualmente, el rumor de “guardaespaldas” rusos en Venezuela, que no es más que un rumor basado absolutamente en una nada misma parida por la cabeza de una periodista “militante” de los intereses de las potencias occidentales, resulta ser tanto intrascendente como lógico: Si fuéramos integrantes de los altos mandos de un gobierno tambaleante y en decadencia, amenazado por súper-potencias militares que han logrado infiltrar todos los ámbitos sistémicos del Estado y la sociedad, incluyendo el marcial, y todas las empresas proveedoras de “contratistas” y “guardaespaldas” que operan en la zona trabajan al servicio de estas potencias enemigas ¿No contrataríamos mercenarios de países aliados para salvaguardar nuestra integridad física ante semejante amenaza? No seamos hipócritas, todos lo haríamos. Distinto es el caso de los militares israelíes en Brasil: Si realmente se encuentran allí para jugar un papel en una -presunta- invasión a Venezuela, Bolsonaro debería rendir cuentas ante la justicia internacional por participar activamente en una injerencia de carácter ilícito y violar todo tipo de tratados internacionales. Hasta el momento, ambas hipótesis son meras especulaciones que deberán ser desestimadas hasta que alguien presente pruebas contrastables e irrefutables que las demuestren.
Lo que quiero dejar en claro es que la guerra en Venezuela ya comenzó, y es una guerra de información y contrainformación, una guerra mediática cuya única finalidad es la de desestabilizar lo poco que aún sobrevive estable en el ámbito político y social del país; y nuestra obligación es no entrar en dicha guerra, no contribuir a la destrucción de un país hermano al que muchos admiramos y queremos tanto. También nos encontramos obligados a condenar públicamente todas las expresiones xenófobas, provengan del sector que provengan. Los venezolanos, independientemente de sus inclinaciones políticas particulares a cada individuo, son un colectivo que en este momento se encuentra haciendo su aporte para enriquecer nuestra cultura y nuestra sociedad, al igual que el resto de los inmigrantes de las diversas nacionalidades que pueblan nuestro suelo, y así como supieron hacer nuestros abuelos; y merecen ser tratados con dignidad y respeto.

Referencias:

  1. https://www.facebook.com/notes/gustavo-paura/macri-la-manada-internacional-y-el-ej%C3%A9rcito-de-escu%C3%A1lidos/2410324949039959/
  2. https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/cifras-de-la-migracion-venezolana-en-colombia-septiembre-de-2018-290680
  3. https://www.excelsior.com.mx/global/estamos-esperando-a-los-mercenarios-dice-ministro-de-venezuela/1292961
  4. https://www.hispantv.com/noticias/brasil/409827/militares-israel-rescate-tragedia-brumadinho
  5. https://www.theguardian.com/world/2019/jan/25/venezuela-maduro-russia-private-security-contractors
  6. https://www.reuters.com/article/us-venezuela-politics-russia-exclusive/exclusive-kremlin-linked-contractors-help-guard-venezuelas-maduro-sources-idUSKCN1PJ22M
  7. https://www.lanacion.com.ar/1953220-los-soldados-fantasma-del-kremlin-que-mueren-en-secreto-en-siria
  8. https://www.hispantv.com/noticias/rusia/409712/kremlin-peskov-mercenarios-contratistas-militares-golpe-venezuela
  9. https://sputniknews.com/world/201901271071864171-russia-venezuela-military/
  10. https://www.novayagazeta.ru/news/2019/01/25/148682-reuters-posle-nachala-protestov-v-venesuelu-pribyli-naemniki-chvk-vagnera
  11. https://www.reuters.com/article/venezuela-politics-russia-jet/arrival-of-russian-passenger-jet-fires-up-venezuelas-rumor-mill-idUSL5N1ZT76W

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

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