Ideología de género y Medio Oriente | Entrevista a Leandro Hassan Bracamonte (Parte I).

Leandro Hassan Bracamonte, filólogo persa.
Leandro Hassan Bracamonte, filólogo persa.

Nada es lo que parece. Malcom X dijo una vez que los medios masivos de comunicación nos harían odiar al oprimido y amar al opresor, al primer descuido, y es así. En los nuestros, señoras y señores parados frente a las cámaras o escondidos en las redacciones de los periódicos más importantes pugnan por ver quién pisotea con mayor desprecio y menor vergüenza la bandera iraní casi sin saber ubicar al país islámico en el mapa. Es verdad, de los “moros” nos separan barreras geográficas, lingüísticas y culturales; pero son más las cosas que nos hermanan. La ignorancia y el temor con los que, en general, miramos al llamado ‘mundo islámico’ nos generan una serie de prejuicios que construyen una idealización que nada tiene que ver con la realidad material.

Las dos mitificaciones más recurrentes están relacionadas con la situación de las mujeres y su rol en la sociedad, y la sensación de inseguridad cotidiana producto de belicosas inestabilidades sociales y políticas siempre ligadas a la estampa de los camellos, los fusiles y los turbantes. Nada más diametralmente opuesto a la verdad. Aún así, no soy yo la persona mejor capacitada para hacer un juicio de valor sobre el cómo se vive en dichas latitudes, por eso es que me cité con Leandro Bracamonte, filólogo y profesor de lengua árabe y persa; un argentino hincha del “Rojo” de Avellaneda que residió y estudió en Irán.

Revista Insomnio: A modo de introducción ¿Qué es eso a lo que “occidente” llama “el mundo islámico”?

Leandro Bracamonte: Lo que “occidente” entiende como “mundo islámico” es algo diverso: en primer lugar, existe dicho término en tanto geográfico-cultural como todos aquellos países donde la mayoría de sus habitantes son musulmanes, que son quienes practican la religión islámica. El problema se da en que, históricamente, hay una confusión terminológica que el académico Horacio Esteban Correa desarrolla en su libro “Jung y el Islam” (Editorial Biblos, 2014. ISBN: 978-987-691-302-7). En “Occidente” malinterpreta la palabra “Islam”; la cual se entiende en términos geopolíticos y en términos -por así decirlo- civilizatorios. Uno de los momentos históricos clave para la hegemonía de “Occidente” es cuando los reyes católicos reconquistan la Península Ibérica y desde allí empiezan a conquistar el mundo. En aquel acto fundacional, ellos dicen: “hemos derrotado al Islam”. En la otra experiencia, la del Este, cuando el Sacro Imperio Romano derrota a los Otomanos, se dicen que han “frenado al Islam”. Entonces, con esta terminología se confunde a la religión del Islam con los practicantes de la misma y con sus expresiones políticas en tanto Estados que avanzan. Entre estas tres cosas no hay una correlatividad; de la misma forma en que muchas de las cosas hechas en nombre del cristianismo no son representativas de los valores cristianos, muchas de las cosas hechas en nombre de la religión islámica -sobre todo a nivel político- no tienen relación con ella y sus valores, y tampoco son representativas de los musulmanes como una generalidad. Este es el centro del problema, y es el punto en el que empieza todo aquello que conocemos como ‘islamofobia’: la atribución de hechos particulares a un ente general. Si realmente la vocación de los musulmanes fuera meramente expansiva, imagínense lo que se podría generar teniendo en cuenta que los mismos representan un cuarto de la población mundial.

RI: En cuestiones geopolíticas ¿Cómo se podría definir al “mundo islámico”?

LB: Como hemos dicho anteriormente, “mundo islámico” se entiende como los países de mayoría musulmana y cuya cultura está trazada por el legado civilizatorio musulmán cuando éste era una unidad política; lo que ha surgido de ello es lo que hoy entendemos como “mundo islámico” aunque, en términos culturales hoy sigue siendo muy difuso, dado que hay países de mayoría musulmana donde el modo de vida está muy ‘occidentalizado’ como es el caso de Azerbaijan donde tienen leyes de laicismo muy concretas, o los países del norte de África como Túnez donde la cultura occidental es lo que prima y el Islam como religión y modo de vida ha sido relegado a una cuestión meramente cosmética tal como ha sucedido en la Europa Occidental con el cristianismo.

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RI: ¿Cuál es el lugar que ocupa la mujer en las sociedades de los países islámicos, tanto alineados como no alineados a las potencias occidentales?

LB: Los países no alineados a las potencias occidentales son principalmente los pertenecientes al “Eje de la Resistencia”, conformado por Irán, Siria, el sur del Líbano -donde se encuentra Hezbollah (Organización que no solamente es militar sino también social y política, y que no representa únicamente a los ‘chiitas’ sino a los intereses de todos los libaneses que no quieren que les suceda lo mismo que le sucedió a Palestina). Además, Irán nuclea a todas las minorías ‘chiitas’ que se encuentran en Pakistán, Afganistán, Irak; y que en su conjunto no son una minoría sino una porción social muy grande dentro del mundo islámico.
Por otro el lado tenemos a los países aliados a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, de ahora en adelante), como las ‘potencias del golfo’ (Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Arabia Saudita, el Yemen -que ahora está en guerra con Arabia Saudita para unirse al “Eje de la Resistencia” apoyados por Irán-), Jordania e Israel, que también nuclea a muchos musulmanes y hay que decirlo. Este sería el principal enfrentamiento geopolítico dentro del mundo islámico.

¿Qué lugar ocupan y cómo viven las mujeres en estos países? Para empezar, tenemos que entender que cada país tiene su historia y su forma de gobierno particular. Podemos citar, por ejemplo, el caso de Arabia Saudita; que desde su fundación ha tomado como una reglamentación social, religiosa y política el ‘wahabismo’, que es una secta con una lectura e interpretación moderna del Islam, meramente literalista y engañosa a la hora de dictar ‘fatwas’ -pronunciamiento legal en el Islam- o la ‘Sharía’ -ley islámica-. Tanto en éste como en resto de países subyugados por el ‘wahabismo’ la mujer sufre una opresión casi sin igual en el mundo y están sujetas a prohibiciones de todo tipo; como de vestimenta -obligatoriedad del uso de la ‘burka’-, de representación política alguna. Recién, hace muy poco, se empezó a dejar que las mujeres manejen automóviles. Hay un millón de cuestiones más por el estilo, que nos dan a entender que es un modo de vida muy pobre; muy parecido, también, a lo que el ‘Talibán’ implementó en Afganistan. Toda esta ideología misógina que es el ‘wahabismo’ es exportada al mundo por Arabia Saudita, y no tiene ninguna relación con los valores islámicos y coránicos. Los grandes teóricos del ‘wahabismo’ tienen un conocimiento verdaderamente pobre o casi nulo acerca de las ‘ciencias coránicas’ e incluso de la misma lengua árabe a pesar de ser araboparlantes, y sus postulados prácticos y cosmovisionales son absolutamente refutables.
Además, tenemos países que están en este arco geopolítico donde la influencia del modo de vida occidental ha penetrado casi por completo y hay regulaciones del tipo “machista” pero, en la vida cotidiana, no varía más que en lo cosmético con la de nuestros países. Algunos de estos países son Bahrein, Jordania, Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, estas legislaciones de índole “machista”, no se encuentran trazadas por la religión sino por las arbitrariedades sociales comunes a estos países.

Por el otro lado se encuentra Irán, donde existe un proceso bastante característico y puntual: el país provenía de un gobierno monárquico donde el laicismo impuesto era muy forzado y donde se intentó borrar la huella de la religión y su influencia social. Por el contrario a lo que dictan los dogmas de occidente, en aquel momento de mayor imposición del laicismo también fue el momento de mayor opresión hacia la mujer. Eran tiempos donde las mujeres eran humilladas, golpeadas y asesinadas por las calles por utilizar la vestimenta islámica, las mezquitas era saqueadas por el SAVAK (Servicio de Inteligencia en el Irán monárquico), las mujeres debían humillarse ante la presencia del rey. Fue un proceso muy parecido al que se vivió en Argelia; ante un pueblo que buscaba su independencia, los colonizadores buscaban desmoralizarlo humillando a las mujeres y a los símbolos religiosos. Así se vivía en Irán, hasta que la voluntad popular se plasmó en una revolución que llegó al poder y que empezó a otorgarle a las mujeres todos aquellos derechos de los que hasta el momento no habían tenido, como los derechos políticos y económicos.
La revolución islámica instauró en Irán una democracia, distinta a las de occidente, pero democracia al fin; donde las mujeres tienen derecho a votar y ser votadas, donde ocupan altos cargos tanto políticos como sociales y militares; y no solamente eso. Tras la revolución, el sexo femenino pasó a ser el que acumula más capital debido no solamente a la herencia familiar sino a las ‘dotes’ por casamiento -que las pueden elegir a su gusto y que su pago es obligatorio-. Además, es el sexo más favorecido en cuanto al ámbito educativo, dado que la población académica está compuesta en más de un 60% por mujeres. Estos son índices que algunos países occidentales que se jactan de ser la ‘vanguardia’ en igualdad de género no existen, aún cuando los porcentajes se intentan forzar por medio de cupos obligatorios.

RI: ¿Existe en el mundo islámico aquello que aquí en occidente conocemos como “ideología de género”?

LB: Bueno, luego de la Revolución Islámica y el posicionamiento de Irán frente al imperialismo, viene esta etapa de globalización en la que se asienta más que antes lo mediático y lo cultural como una herramienta más de poder, entonces el imperialismo genera toda una estructura de enfrentamiento cultural para desarrollar una imagen deliberadamente errada de Irán en occidente con el fin de sostener este enfrentamiento. Esto es lo que entendemos como “iranofobia”, y una de las claves principales de esta usina mediática es la concepción de la mujer iraní bajo una serie de prejuicios peyorativos, para demostrar así que Irán no es el representante de ninguna civilización sino de una ‘barbarie’. Generan esta dialéctica de ‘civilización vs. barbarie’ tomando como eje ésta cuestión puntualmente.
Esto, con el correr de los años, lo hemos visto en películas, en noticias, en manuales y, en general, en toda la información que nos llega.

Ya en esta época, en occidente se ha instalado una posición ideológica y cultural hegemónica que conocemos como “progresista/feminista”, donde todo lo que no esté dentro de sus parámetros ideológicos queda totalmente degradado, no solamente la cultura de los otros sino también la cultura propia. Esta cuestión del “patriarcado” como concepto omniexplicativo de todos los males va variando según el objetivo. Por ejemplo, el “feminismo” entiende a Irán como la máxima expresión del “patriarcado”, sin hablar jamás de los otros países donde realmente las mujeres viven mal. Cuando se dio la discusión en el Congreso sobre el aborto se generaron varios ‘spots’ publicitarios hablando sobre la “igualdad de género”, pidiendo también por la cuestión de los cupos, se citó un dato falso: dijeron que en Irán, las mujeres ocupan únicamente el 6% de los cargos públicos. Eso es mentira, pero el común de las personas quizás no tiene tiempo, ganas o forma de acceder a fuentes reales para corroborar estos datos. Desde los cimientos de la Revolución Islámica en Irán las mujeres han tenido un rol absolutamente preponderante.
Entonces, acá, se da una paradoja muy grande: este feminismo hegemónico, para juzgar a otra civilización a la cual el imperialismo quiere atacar, funciona como un machismo; intentan hacerle creer a la mujer iraní que su país es una basura, que su cultura es una basura, que su situación es una basura, para que así acepten una invasión, primero cultural, después económica y finalmente militar.
Si esto lo contrastamos con la historia de Irán, previo a la Revolución Islámica, cuando había un rey en el país las mujeres no tenían ningún tipo de derecho e incluso se las llegaba a golpear y encarcelar por sus vestimentas -como pasa en Arabia Saudita-. En ese momento, siendo el rey aliado de los Estados Unidos, no existía como existe hoy un feminismo hegemónico que las “defendiese”. Por ejemplo, hoy se habla sobre la obligatoriedad del uso de la “Hiyab” (prenda islámica femenina usada para tapar el cabello), que en realidad es una obligatoriedad bastante laxa y cuyo uso tiene más que ver con un método de protección de la mujer frente a extraños que con la idea de invisibilizarla o con una imposición del hombre, como sí sucede en Arabia Saudita. Esta lectura subjetiva y errónea que hace el feminismo moderno con respecto al uso de esta prenda se utiliza para crear y maximizar un conflicto. Nunca pasó en la historia que una potencia, cuando ha querido invadir a otra, le haya mirado con respeto; si uno analiza la retórica del imperialismo, siempre ha habido un trato deshumanizante hacia el otro, y eso es lo que está pasando hoy: de un lado, un occidente que ya no es cristiano sino más bien apóstata contra un mundo islámico que conserva un tronco cultural y espiritual, donde hay que presentarlo como algo inhumano.

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

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