La construcción patriótica de lo nuestro.

Después de 3 años de haber dejado la democracia, porque significa literalmente el «gobierno del pueblo» y hoy eso ya no existe, tenemos que empezar a hablar en los términos correctos para ubicarnos en la realidad que vivimos y poder explicarla de la manera más exacta para poder entenderla en profundidad. Hoy lo que tenemos es una plutocracia, es un gobierno de los ricos, que a la vez responden a intereses corporativos y financieros a los que deben sus decisiones a la hora de administrar el Estado. Tampoco podemos seguir hablando de neoliberalismo, ni siquiera de liberalismo clásico, porque lo que estamos sufriendo es un saqueo y un desguace feroz que ni las privatizaciones podrían sostener a este ritmo, ya que el mercado interno todo, salvo cada vez menos privilegiados amigos del poder, está siendo brutalmente destruido. 

Entonces, si entendemos que ya no vivimos en democracia porque no es el pueblo ni para el pueblo que se gobierna, y que no tenemos un plan económico neoliberal sino un plan de saqueo completo para balcanizar nuestra población y vaciar nuestros recursos, de modo que volvamos a ser colonia del mejor postor, entonces podemos definir de qué manera es que funciona la vida que estamos viviendo por causa de estos factores que determinan nuestras condiciones materiales y emocionales de existencia.

La instalación del terror como método de control y autoinhibición es, como se sabe, altamente efectiva y los efectos ya los estamos viendo en todos los niveles de nuestra convivencia: miramos de reojo a prácticamente todo el mundo, ya sea por portación de cara, por raza, por religión, por aspecto o por género, de modo que hoy vivimos en un estado de caos generalizado en el que cualquiera puede ser el enemigo, excepto los que están digitando que esto sea así. El bombardeo mediático permanente en torno a casos de violencia, de degradación y de muerte es una parte fundamental de este esquema de sometimiento, ya que en la medida en que repiten todo el día y por todos los medios cuán indefensos ante nosotros mismos estamos, es que nos llaman cada vez con más fuerza a recluirnos en nuestros espacios de aparente seguridad que sólo pueden ser custodiados por los privados, ya que también nos están vendiendo la idea de que lo público (la educación, la salud, la policía) no sirve para nada y que mejor que venga una empresa a hacer bien lo que nosotros, los argentinos, siempre hacemos mal.

Hay en todo este esquema una profunda intención de destruir lo nacional, de barrer nuestra identidad de pueblo argentino, ya que en tanto haya entre nosotros una conciencia de aquello que debemos defender, seguirán teniendo resistencias para la imposición definitiva de una administración privada de nuestros recursos nacionales para definitivamente convertirnos en proveedores de materia prima hasta que nuestra tierra quede arrasada. Nos invitan a despreciar nuestro suelo, a reírnos de nuestra cultura, a bajarle el precio a nuestras constumbres y tradiciones, a abrazar nuevamente la idea de que somos europeos en América porque, otra vez, nos quieren llevar a aquella vieja y destructiva zoncera de que lo que viene de afuera siempre es mejor.

Entonces, en este escenario nefasto y desalentador que nos presentan para quitarnos la alegría, debemos redoblar esfuerzos para no perder de vista lo importante. Y lo importante no es discutir subjetividades, porque jamás nos pondremos de acuerdo. Lo emocional sin mediación racional se convierte en la punta de lanza de problemas innumerables, todos ligados a las frustraciones reprimidas y mal canalizadas, a la incomprensión de lo que nos pasa durante nuestra vida y al deseo natural de no pasar por situaciones tristes, aunque de tanto evitarlas y no interpretarlas se nos vuelvan permanentemente en contra, haciendo de una situación puntual un infierno permanente del que muchos no saben cómo salir.

El universo de lo personal no puede, entonces, volverse político, ya que es imposible brindar soluciones a cada uno por aquello que puntualmente lo ha herido. No es una discusión saludable, jamás vamos a poder ponernos de acuerdo sobre estos asuntos y eso es algo que debemos aceptar, para poder pasar a hablar de las cosas que nos competen a todos como conjunto, a lo que verdaderamente nos va a ayudar social, cultural y políticamente a desarrollarnos como individuos plenos y felices. Y esto es un plan y un modelo de país peronista, en el que cada área de la vida humana esté cubierta, desde la generación de trabajo hasta el acceso a los derechos fundamentales que son los elementos que dignifican la vida de todo argentino de bien, porque finalmente nadie quiere que le regalen nada, sino ser parte de la construcción que nos beneficie a todos, a cada uno en lo que necesita, para volver a ser ese país de hombres y mujeres felices que Perón y Eva Perón cimentaron para la posteridad.

Es nuestra responsabilidad el no volcar lo personal a lo colectivo, porque como reza el Martín Fierro, «Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera, en cualquier tiempo que sea. Porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera».

Por: Romina Rocha.

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