Myanmar: cuando las apariencias engañan.

Myanmar: cuando las apariencias engañan.
Golpe de Estado en Myanmar, China, Estados Unidos y los medios de comunicación.

La llegada de Joseph Biden a la Casa Blanca trajo consigo un resurgimiento de la política militarista de los EE.UU. que estaba en retirada con el verborrágico Donald Trump quien, pese a que la prensa lo señalaba como un loco que ponía en riesgo la paz mundial, cerró su mandato sin iniciar nuevas guerras, algo de por sí insólito para los EE.UU.

La nueva política reactivó los focos de conflictos adormecidos a lo largo y ancho del planeta. El Norte de Siria vio un relanzamiento de las fuerzas irregulares terroristas vinculadas al integrismo islámico, Ucrania amenaza la región rusófona del Donbass y la propia Crimea -hoy parte integrante del territorio ruso-, intento de una “revolución de color” en Bielorrusia, despliegue de bombarderos estratégicos Lancer B1 sobre el Báltico; hasta un peligroso tono bélico de Japón advirtiendo sobre el uso de la fuerza contra Rusia por las disputas sobre las 4 islas del archipiélago de las Kuriles en manos de Moscú, y una reactivación del conflicto con Corea del Norte. Esto, en apenas 100 días de gobierno.

Pero si bien estas políticas eran esperables cuando su campaña electoral estaba centrada en denuncias contra la injerencia rusa en las elecciones de EE.UU., la posterior declaración contra Putin, acusándolo de asesino, ya relevan de cualquier duda sobre las intenciones de Biden y su equipo, que podemos asociar sin temor a equivocarnos a una versión 2.0 del equipo de Obama.

Un dato no esperado complicó más la situación generada por los demócratas. Pese a las presunciones de la gente de Trump, estamos viendo que esta ofensiva incluye a China, definitivamente una mala lectura sobre lo que se asomaba por parte de aquellos que creyeron que Biden era un peón geopolítico de una China globalista.

Las acciones de Biden, que sigue con las políticas de sanciones económicas como Trump, se diferencian de este último porque ahora incluye presiones militares sobre China, llegando a acusar a su líder, Xi Jinping, de “no tener un solo hueso democrático”.

Para avanzar en este análisis debemos recordar que en las guerras modernas lo multifacético es moneda corriente y EE.UU. tiene una especialidad en aquellas guerras que combinan distintos frentes que van desde lo económico a lo tecnológico, desde lo cultural hasta lo psicológico, utilizando otras modalidades de enfrentamientos como la económica, financiera, mediática y un largo etc., para recién en última instancia, llegar al choque cinético que es como definen las guerras a la vieja usanza, una vez debilitado el enemigo.

Dentro de ese marco de conflictos entre EE.UU. y China es que se produce una situación de tensión en las fronteras de este gigante asiático como es lo que está sucediendo en Myanmar.

Antes de adentrarnos en algunos detalles sobre esta cuestión, debemos recordar que la desestabilización de las fronteras de una nación es un elemento de riesgo severo para el país que es blanco del ataque. Por ese motivo hay zonas de seguridad que son innegociables y que son casus belli para cualquier potencia.

China, bajo ataque híbrido, actúa como un bombero tratando de apagar los fuegos que le inicia Occidente en distintos puntos como sucede en el Mar de China Meridional, los disturbios en la provincia de Xinjiang, la desestabilización estudiantil en Hong Kong, el Dalai Lama y su campaña contra el Tíbet y la provincia rebelde de Taiwán.

En este marco el EE.UU. de Biden decide subir la apuesta e inicia un conflicto más impensado como es el de Myanmar.

El Golpe dado por las FF.AA. de ese país encabezado por el general Min Aung Hlaing ha sido no solo duramente calificado por los países occidentales, sino que ocupa diariamente los medios de comunicación.

El análisis simple, y que muchos medios y analistas progresistas hacen, es entender que un golpe militar siempre responde a los intereses de una “derecha” pro EE.UU. y debe ser por lo tanto condenado, más aún cuando se acompaña por una represión interna.

Sin embargo, el mundo de la geopolítica no es tan lineal y las guerras se disputan, como decíamos, en distintos planos. Para comprender esto veamos algunos puntos que los medios “olvidan” mencionar, pero que son claves para palpar que es lo que está en juego en realidad.

  • China construyó un oleoducto para garantizar abastecimiento de hidrocarburos invirtiendo más de 5 mil millones de dólares en Myanmar.
  • Las importaciones de gas natural desde Myanmar en el 2019 ascendieron a 3,4 millones de metros cúbicos, un 54% más que en el 2018 por un valor total de 12.100 millones de Yuanes, que representan un aumento del 74,1 por ciento con respecto al año anterior.
  • La líder de la oposición, Aung San Suu Kyi, es la ganadora del Premio Nobel de la Paz 1991, el mismo premio que se le otorgó a Barack Obama años después. El contexto era el de la disolución soviética y hegemonía de EE.UU. y el globalismo.
  • Suu Kyi es viuda de Michael Aris, británico, académico y periodista muy influyente, y sus dos hijos son británicos.
  • La Constitución de Myanmar prohíbe que ciudadanos con parientes de primer grado extranjeros puedan ser presidentes, por lo que Suu Kyi no pudo ser candidata y no ocupa formalmente el lugar de líder del país.
  • Suu Kyi fue educada en el Reino Unido y cuenta con un doctorado en ese país.
  • En el 2014 la publicación Forbes la consideró como figura ocupando el puesto 61º como la mujer más poderosa del mundo.
  • Suu Kyi ha recibido apoyos de ONG como Freedom Now, con sede en Washington y ha sido recibida y apoyada por Hillary Clinton y Barack Obama.
  • Cuando se produjo la masacre de los rohingyas musulmanes por la mayoría budista, Suu Kyi guardó silencio y hasta llegó a describir a los perseguidos como “terroristas y mentirosos”.

Los militares que tomaron el poder cuentan con el apoyo de China, quien necesita fronteras pacíficas y abastecimiento de energía. Esta situación ha llevado a los militares a declarar que hubo un fraude electoral y que llamarían el año próximo a nuevas elecciones.

Saber si es cierto o no que el 80% haya elegido al partido de Suu Kyi es obviamente imposible, pero en definitiva es casi irrelevante cuando por los antecedentes podemos ver que en realidad lo que subyace es una disputa geopolítica en el enfrentamiento entre China y EE.UU. y Myanmar quedó atrapada en él.

EE.UU. ha decidido generar un conflicto desestabilizando a Myanmar, China ha guardado silencio, la ASEAN ha llamado a pacificar la situación, pero sin tomar las medidas reclamadas por la “comunidad internacional” y la prensa global.

La situación entonces nos presenta una versión más cercana a las primaveras árabes con masas de estudiantes que salen a las calles apoyados por ONGs que denuncian la represión y una la prensa global que da una cobertura constante que contrasta con el silencio sobre lo que pasa en otros lados, dando paso así a las presiones diplomáticas de los países occidentales.

Esta situación compleja nos demuestra crudamente que los análisis lineales y facilistas no siempre sirven y bien pueden ser diametralmente opuestos a la realidad. Asimismo, nos lleva a hacernos una pregunta tabú: ¿Es la democracia liberal limitada a una votación periódica, un objetivo superior a defender ante cualquier suceso o perdemos de vista que es en realidad apenas una herramienta para mejorar las condiciones de vida de una sociedad y no alcanza por sí misma para determinar si algo es correcto o no?

En Myanmar hay algunas cosas claras: hubo un golpe militar, la constitución de ese país favorece la presencia militar en el poder al otorgarle el 25% de las bancas en el congreso, China ve con simpatía (aunque no lo manifieste así) a un proceso que evita el avance occidental sobre sus fronteras, los manifestantes están compuestos básicamente por estudiantes impulsados desde ONGs extranjeras con una profunda influencia occidental y un cierto infantilismo político que se aprecia notablemente cuando eligen como símbolo el mismo de una película de Hollywood, tres dedos alzados como se pueden ver en los ‘rebeldes’ en “Juegos del Hambre”.

¿China sobredimensiona, acaso, el riesgo de una desestabilización?

El Ejército por la Independencia de Kachin, un grupo guerrillero del norte del país, ha derribado un helicóptero MI-28 de origen ruso que pertenecía a las fuerzas de Myanmar. Lo ha hecho con un misil tierra-aire, algo que significa que hay algún interés poderoso detrás de una guerrilla que accede a un tipo de armamento relativamente sofisticado y costoso.

Un sistema MANPADS (MAN-Portable Air Defense Systems) es un misil portátil que puede cargar un soldado y tiene un costo que oscila entre 80.000 y 250.000 dólares por unidad en el mercado negro dependiendo del modelo, y suele ser muy observado por los servicios de inteligencia por su potencial peligroso en manos hostiles.

Habitualmente cuando una nación quiere potenciar una guerrilla suele enviar este tipo de sistemas que requieren poca preparación para ser usados y son una amenaza seria para las fuerzas aéreas.

Estas son luces rojas que significan que si bien el conflicto está controlado por el Jefe del Ejército Min Aung Hlaing, las antiguas guerrillas pueden ser un factor de escalada dándole a la revuelta característica de una insurrección armada que puede ser una amenaza para desestabilizar la situación sumiendo el país en la anarquía, algo que China ve con mucha preocupación mientras que Occidente no.

Este militar, Min Aung Hlaing, se presentó en la última cumbre de la ASEAN en Indonesia, su primer viaje al exterior luego del golpe. Su presencia fue parte de una negociación en la cual los países de este bloque del Sudeste Asiático decidieron llamar a la paz, pero sin sanciones que consideraron que serían contraproducentes.

En consonancia con la política de bajo perfil (ASEAN Way) adoptada en los 70, primó el sentido de no interferencia en los asuntos internos de un país socio y la consideración que las presiones podrían agravar y radicalizar las partes.

El otro actor regional, China, también solamente se pronunció para bajar el tono del conflicto en un guiño al general Min Aung Hlaing, únicamente fuerzas extra-regionales como son los países occidentales, presionaron por sanciones contra Myanmar.

EE.UU. y sus socios no tienen intereses directos que necesitan ser defendidos y prefieren un conflicto que dificulte la situación de China, nada que perder, mucho por ganar.

Los medios occidentales paralelamente han desatado una enorme campaña de denuncias montadas en el habitual juego de opresores y oprimidos que realizan en función de sus propios intereses para definir quién es bueno y quien es malo.

Entonces, nuevamente surge la misma pregunta. ¿Debemos aceptar la intervención militar en Myanmar en función de los intereses que subyacen detrás que son contrarios al globalismo occidental o nuestro deber es condenar la interrupción del proceso democrático, aún a pesar de que esa situación es lo que desean los EE.UU. y sus aliados?

¿Es más importante el fondo de la situación, o mantener las formas? La pregunta está planteada, pero la respuesta no es simple, más aún cuando aplicamos para un país del Sudeste Asiático una lógica occidental creyendo que sus visiones sobre un proceso democrático, con las características occidentales, es lo que desean estos pueblos y es lo mejor para ellos. Deberíamos ponernos a pensar si realmente este es el sistema que estos pueblos prefieren o simplemente es una imposición de un occidente que predominó los últimos siglos, pero que ahora es desplazado del centro de la escena por un Asia que emerge con otra cultura.

La corrección política es un obstáculo para asumir una respuesta que puede ser compleja de asimilar.

Por: Marcelo Ramírez.

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