Postales desde Corkystán: El hambre y la brutalidad matan mientras el Cotolengo ‘macrista’ sale de excursión a la Plaza de Mayo.

No sólo en Corkystán el 'macrismo' es el 'chavismo' "de derecha".
No sólo en Corkystán el 'macrismo' es el 'chavismo' "de derecha".

Tras las PASO, la disparada (deliberada, claro está) del dólar, el enojo presidencial y el anuncio de una batería de inútiles medidas a modo de pusilánime ‘manotazo de ahogado’ del gobierno ‘macrista’; mientras discutíamos entre contactos de las redes sociales acerca de las potenciales ventajas y desventajas a la hora de forzar la salida apresurada del Presidente y su gabinete obligándolos a tomarse “el helicóptero de las 19:30” -como en el 2001-; caí a cuenta del más siniestro entre los avatares de la desoladora realidad que hoy nos asfixia, traducida en una ominosa dicotomía para la clase trabajadora que, tras 18 años, nuevamente deberá decidir de qué manera sacrificarse en pos del bienestar de la Patria: o poner los muertos -como la última vez- en las calles enfrentando una represión feroz, o ponerlos en las barriadas obreras con los niños y las madres muriendo por inanición. Fuera como fuera, serán los hombres (y las mujeres) que trabajan -o desean desesperadamente hacerlo- quienes terminarán de pagar -y es que ya lo vienen pagando- el enorme costo de este grotesco experimento del liberalismo económico en nuestro país.

Lo cierto es que, no estoy hablando a título futuro, esto ya está sucediendo; la primera de las cuotas comenzamos a pagarla el 10 de diciembre del 2015 luego de la toma de posesión de Mauricio Macri. Desde entonces, cuota tras cuota y según las circunstancias, la moneda de cambio fue variando en función de la coyuntura y según las posibilidades propias de cada sector dentro del tejido social: quien no pagó con su dinero, lo hizo con otro tipo de bienes; el que no pagó con su trabajo, lo hizo a través de la degeneración de sus condiciones de vida y, en los casos más extremos, hubo quienes -aún estando en condiciones de pagar con otra moneda como, verbigracia, el desempleo- debieron abonar la cuota de desgracia con sus propias vidas, sucumbiendo ante la inanición o bien como víctimas directas del proceso de desmantelamiento de la salud pública que nos ha robado hasta el Ministerio de Salud, reducido a una paupérrima e inoperante secretaría. Pero hubo otros muertos, porque ‘el hambre’ es una bestia insaciable que busca matar de cualquiera de las formas que le sea posible; y lo que sucedió el último viernes 16 de agosto en las puertas de la sucursal que la cadena de hipermercados Coto posee en el barrio de San Telmo, es la prueba cabal e irrefutable. Don Vicente Ferrer, un anciano de 70 años -presuntamente- padeciente de ‘demencia senil’, fue salvaje e impiadosamente amasijado por dos custodios privados del hipermercado ubicado sobre la Av. Brasil al 500, para luego ser ‘descartado’ a media cuadra del lugar, donde falleció antes de que pudieran llegar los paramédicos en su rescate. ¿El motivo? El Sr. Ferrer (que en paz descanse) -supuestamente- había hurtado una miserable botella de aceite vegetal, un queso y un chocolate. El hecho logró salir a la luz junto a otro desafortunado incidente acontecido en la cercanía calendaria, que tiene como protagonista a un efectivo policial que asesinó de una patada a transeúnte ebrio. Ambos sucesos se suman a la ya inconmensurable constelación de atrocidades que adorna el crapuloso firmamento de la Argentina ‘macrista’, ese país que se levanta “victorioso” entre la ciénaga del subdesarrollo como el paradigma -y por antonomasia absoluta- del peor tercermundismo bananero no caribeño; un país cuyo gobierno premia y promueve como modelo a un policía que, actuando de oficio y kilómetros fuera de su jurisdicción, asesina a balazos y por la espalda a un triste “ladrón de gallinas” y, para peor, el mismo gobierno transforma tan aberrante acto en una “doctrina” para los Cuerpos de Seguridad del Estado; donde a un Ministro de Defensa se le pierde, frente a sus propias narices, un submarino que constituye el arma más importante de nuestra Marina junto con sus 44 tripulantes y en medio de unas circunstancias poco claras que involucran ejercicios militares clandestinos y operaciones de inteligencia -o carentes de ella-; donde la Ministro de Seguridad, en completo estado de ebriedad, convoca a la sociedad civil a la portación ilícita de armas de fuego a fin de hacerle a su cartera el trabajo sucio; donde se designa al frente de la oficina encargada de investigar los casos de corrupción a una mujer que no cumple con siquiera uno de los requisitos mínimos exigidos por la ley, y que encima asegura contenta que la entidad que dirige no investigará sobre las denuncias de corrupción que involucran al gobierno del que forma parte, aún cuando ese es precisamente el ‘leitmotiv’ de la Oficina Anti-corrupción; donde hubo un Ministro de Economía que, mientras exigía al empresariado local repatriar sus capitales e imploraba a los inversores extranjeros venir a hacer negocios a nuestro país, poseía la mayor parte de su patrimonio en divisas foráneas, fuera de nuestras fronteras y dentro de un esquema de empresas fantasmas radicadas en paraísos fiscales más propio de narcotraficantes que de funcionarios públicos; donde el Secretario de Medioambiente se pasea por la vida disfrazado de enredadera, contrabandea televisores y celulares desde Chile, se adjudica atribuciones ajenas a su cartera como la compra de vehículos “eco-friendly” para el transporte público y convoca a la ciudadanía a no comer carne los lunes bajo argumentos -como mínimo- ridículos; donde nos aseguraron que no seríamos “Venezuela” pero, por un lado se adjudica el contrato para la transmisión de datos y el recuento de votos de las Elecciones Presidenciales a la empresa acusada de facilitar el fraude electoral por el cual Maduro continúa al frente del devaluado gigante petrolero y, por el otro, se hace un manejo de las cuentas públicas no muy distinto al efectuado por la “revolución bolivariana”, llegando a un punto en que la sentencia “el macrismo es el chavismo de derecha” ya no suena del todo exagerada… En fin, donde una sociedad oligofrénica coronó como adalid de la lucha contra la corrupción a un hombre involucrado en más de 90 causas judiciales que van desde el tráfico de autopartes hasta la estafa al erario público, pasando por las sospechas de un “auto-secuestro” y el intento de auto-condonación de deudas que las empresas de su familia tienen para con el Estado. Sí, señoras y señores, nuestra Argentina hace años que dejó de ser Argentina, y mucho menos, nuestra: Estamos viviendo en la República Infradotada de Corkystán, el paraíso de la improvisación como política de Estado, la estafa a las cuentas públicas como un asunto de ética irrenunciable, la peregrinación de capitales al Aeropuerto de Ezeiza en blindados de Prosegur, el Monorriel de un Larreta que a la grande le puso “Cuca”, un Jefe de Gabinete muy tacaño que inundó de “bots” baratos a la pobre localidad de Hurlingham con el único fin de satisfacer a Macri a fuerza de caricias significativas, una bicicleta financiera que trafica con sushi y cocaína en cajas de Rappi. En otras palabras, la democratización de la imbecilidad absoluta como un derecho adquirido e inalienable.

El Corkystán es un Estado dentro del Estado pero, también, es un estado… mental. En sí, es una construcción ficticia, profundamente satírica y de carácter plenamente poético que, si bien “existe” como parte de una “dimensión paralela”, de tanto en tanto se cruza con nuestro “plano” de existencia haciéndose corpóreo en nuestros comportamientos sociales.En el universo que habita, el Corkystán es la principal e indiscutida potencia mundial en lo que se refiere al desarrollo ‘bananerológico’ autónomo, debido principalmente a dos factores clave: para empezar, el medio-ambiental, que favorece la proliferación de ‘gorilas’ y su franca expansión pero, en primer orden de importancia se encuentra una poderosa oligarquía agro-exportadora, cuya codicia infinita sumada al carácter latifundista intrínseco de sus prácticas administrativas fueron el muro infranqueable que detuvo el avance de los intereses foráneos de un bananerismo sin patria ni bandera. Es así que; con una geografía abarrotada de ‘gorilas’, fácil acceso a mano de obra esclavizable y -sobre todo- libre de la nefasta influencia imperialista de la United Fruit Company; Corkystán comenzó a recorrer un exitoso camino de subdesarrollo que, a nuestros días, le ha permitido alcanzar la autosuficiencia ‘bananera’ plena y la capacidad de autogestionar su propia brutalidad al punto de hacer con ella una instrumentalización por demás eficiente según las necesidades propias de la coyuntura. En términos reales, esto significa que de ser algo necesario para el bien de los intereses de la República, el Estado corkystaní tiene a su disposición una serie de mecanismos destinados a exacerbar la estupidez de su sociedad profundizando el carácter patológico de las interacciones que se suceden dentro de su seno. Incluso; el sistema es tan descentralizado y eficiente que, tal cosa, puede darse de manera espontánea sin la necesidad de que nadie ‘mueva’ resorte alguno o active esta u otra ‘palanca’; si la sociedad necesita volverse más idiota, como los ríos, siempre encontrará el cause indicado, aún sin saberlo. Y en eso nos encontramos en este preciso momento.

Comencé esta nota editorial haciendo referencia al hambre y la ignorancia brutal que, sin contemplación alguna, matan; y es que, en la República de Corkystán, la seguridad del ciudadano es un asunto de vital importancia en el que el Estado no ahorra esfuerzos. En ese sentido, los aspirantes a conformar las filas de los Cuerpos de Seguridad del Estado, en primera instancia, deben someterse a una severa criba que, por medio de una batería de estudios psicológicos y psiquiátricos, identificará y descartará cualquier elemento que pudiera evidenciar el más mínimo rasgo de salud mental o estabilidad psicológica y que, por tanto, representan un peligro potencial para el correcto desempeño de las instituciones policiales. Quienes logren superar exitosamente la primera instancia, serán sometidos a un exhaustivo y riguroso entrenamiento a fin de que, independientemente de la situación, tengan la capacidad de reaccionar como es correcto y debido: o sea, como frenéticos enajenados carentes de instrucción y consciencia alguna que, en lugar de pensar, actuarán arrastrados por los erráticos dictámenes de sus más grotescos y depravados sesgos cognitivos. De esta manera, el Estado se ahorra toda la serie de inútiles e innecesarios procedimientos burocráticos que derivan en la ineficiencia inherente a los Estados de Derecho: ya sea que se trate de un jubilado, una madre con su bebé en brazos, un obrero, un alumno de guardapolvo blanco, un motociclista, una empleada doméstica, un pobre e infeliz borracho o una cajera de supermercados; de incurrir en cualquier tipo de comportamiento sospechoso como, por ejemplo, respirar; los efectivos policiales llevarán a la práctica la instrucción recibida en prevención inclusiva del delito y, evitando cualquier tipo de discriminación posible hacia las minorías; si la sumatoria de prejuicios, un brote psicótico o los alcaloides que surfean por sus torrentes sanguíneos así se lo indican, matarán primero y preguntarán después.

Otro aspecto destacable de la organización social corkystaní (aunque no sabemos, a ciencia cierta, si corresponde al plano de lo positivo o lo negativo), es la ausencia de “clases sociales”. En Corkystán, la subnormalidad no es sólo un derecho: es una obligación y una responsabilidad que atañe a todos y cada uno de sus habitantes; para el Estado corkystaní sólo existe una clase de personas: las que babean. En contraposición, la curiosa sociedad del Corkystán se encuentra conformada por una suerte de ‘castas’, las cuales poseen un carácter relativamente transversal en lo que se refiere a las capacidades de índole económica; por tanto, esta horizontalidad de estatus favorece una movilidad social fluctuante, circulatoria, y generalmente errática. De esta forma, la pertenencia a una u otra casta se encuentra estrechamente ligada a las circunstancias psiquiátricas y emocionales de cada individuo; por lo cual, dependiendo de la forma en la que el mismo intente interpretar los avatares de la realidad que lo rodea, su nivel de ‘sensibilidad’, y de cómo tales factores afecten sus ‘sentimientos’ y su auto-percepción; formará parte de una de las cuatro ‘castas’ existentes, a saberse: los “idiotas psicopáticos”, los “imbéciles optimistas y neuróticos”, los “obsesivos negadores de la realidad” y los “arrastradores seriales de testículos”.

La mayor parte de las interacciones ocurridas entre las distintas ‘castas’ o ‘sectores’, así como las que se suceden al interior de las mismas, giran en torno a las estructuras organizativas fundamentales de la sociedad corkystaní: los “Cotolengos”. Dichas estructuras se encuentran destinadas a fungir como espacios para el desarrollo y la transmisión de valores, la socialización, el intercambio cultural y la generación de “sentimientos de pertenencias” por medio de la exaltación de rasgos identitarios y conductas derivadas; salvando las diferencias, podría decirse que los “Cotolengos” poseen no pocas similitudes con estructuras propias de sociedades un tanto más sanas mentalmente hablando, como pudieran ser los clubes de fútbol, los partidos políticos, las sectas mesiánicas o ‘tribus urbanas’.
Entonces, teniendo en cuenta las formas en que cada individuo se relaciona con dichas estructuras, estos pueden dividirse en tres categorías: Los “gerentes”, “directores” o “coordinadores” de “Cotolengos”; los “pacientes”, “internos” o “asociados”; y los “atendedores” o “acompañantes terapéuticos”. Al primer grupo pertenecen los “idiotas psicopáticos”, al segundo los “imbéciles optimistas y neuróticos” junto a los “obsesivos negadores de la realidad” y, al tercero, los “arrastradores seriales de testículos”. A su vez, estas ‘casta’ poseen su propia organización interna, en la que cada ‘sub-grupo’ es definido en función a los niveles de oligofrenia y retraso mental propios de cada individuo y de las circunstancias que lo rodean.Por ejemplo; dentro de los “idiotas psicopáticos” y de menor a mayor encontramos a los “forro-boludos en relación de dependencia” ocupando la base de la pirámide, le siguen los “idiotas a control remoto”, los “idiotas aspiracionales”, los “pusilánimes ediles ventajeros” y, en la cúspide, los “hijos de puta soberanos”. Los “pacientes” o “internos”, indistintamente de su ‘casta’, se clasifican en “creyentes ingenuos”, “fanáticos irracionales”, “puristas doctrinarios”, “bienintencionados seres de luz” e “iluminados testarudos”. A estos, también, se los clasifica según su capacidad de daño en “tarados inofensivos” y “mogólicos peligrosos”. Por último, los “arrastradores seriales de testículos” se encuentran conformados, de mayor a menor, por: los “golpeadores de infradotados”, los “besadores de subnormales”, los “nihilistas por agotamiento” y, en el último escalón, los “potenciales pacientes psiquiátricos”.

Pido disculpas a los lectores por esta extensa, enrevesada y aburrida descripción acerca de la organización social que rige a nuestra amada y defectuosa República Infradotada de Corkystán, pero la juzgo de vital importancia a fin de entender los análisis que conformarán esta nueva serie de artículos agrupados bajo el título de “Postales desde Corkystán” y que, estoy más que seguro, flagelará con crueldad y sadismo exquisito las “almas sensibles” de aquellos que se ‘autoperciben’ como “seres de luz”; tanto los que simplemente rebozan de incontenibles buenas intenciones como de aquellos que consideran la “defensa” de los que ellos entienden como “seres inferiores” (ya sean animales, aborígenes, negros, mujeres, homosexuales, pobres, paralíticos, autistas o seres humanos con síndrome de down) un asunto de índole existencial. Y sepan que poco y nada me interesa o me vale que alguien pudiera sentirse ofendido o insultado por las alegorías aquí presentes; lo lamento mucho, pero menos me interesa, de darse el caso, pedir disculpa alguna por tal cosa ya que justamente es ese uno de mis principales objetivos: exponer NUESTRAS miserias políticas, sociales y culturales por medio del humor más crudo, ácido y violento; tratando de que este rejunte de párrafos, al ser leído, llegue a sentirse como una verdadera patada en las pelotas. Desde este punto en adelante, pueden imaginarme ingresando a una habitación de blancas paredes con un sorete en una mano y un ventilador en la otra, y les juro que nadie se salvará del enchastre; ni siquiera yo.

Postal N°1: El Cotolengo ‘macrista’ sale de excursión a la Plaza de Mayo.

Pertenecer, indistintamente de a qué, siempre conlleva algún tipo de beneficio; de esto saben mucho los “imbéciles optimistas y neuróticos” y los “obsesivos negadores de la realidad”, cuya participación activa en tal o cual Cotolengo les ha dado prebendas, descuentos en diversas tiendas, “prestigio” y regalos de todo tipo. En ese sentido, los asociados al Cotolengo de “Los Amarillo” pudieron disfrutar el pasado sábado 24 de agosto de una excursión “all inclusive” a distintos y emblemáticos puntos de la geografía corkystaní, destacando un paseo desde el Obelisco a la Plaza de Mayo como eje central de esta masiva actividad terapéutica y recreativa organizada por el “director” del Cotolengo, el “soberano hijo de puta” de Mauricio Macri quien, además, ocupa actualmente el cargo de Presidente de la República Infradotada, también llamado “Rey Mogólico” en tanto que equivalente al “Rey Filósofo” propuesto por Platón en su “Politeia” robada al ágrafo de Trasímaco.

De la mano de una evidente intencionalidad política implícita en la ‘cotolenga’ excursión, si bien el eje central de la actividad recayó en su carácter terapéutico, su finalidad última se encontraba inscripta en el marco del torneo organizado por la “Superliga Corkystaní de Discapacidad Intelectual Profesional”; competición en la que los Cotolengos de la Primera División disputan entre sí por el máximo trofeo a la oligofrenia colectiva. En ese sentido, el Cotolengo de “Los Amarillos” se aseguró una contundente victoria que lo deposita ante las puertas de una nueva consagración, la cuarta consecutiva, asentando en los anales de la historia y de cara a la posteridad que, por años, han sabido ser verdaderos mogólicos entre los mogólicos, y en letras mayúsculas con lucecitas parpadeantes incluidas.

Dentro de un análisis meramente técnico del contundente y avasallante triunfo, entre los ‘tantos’ anotados por las ‘figuras’ del equipo que defiende los colores de este Cotolengo, abordaremos a continuación aquellos que han chorreado lírica por sus cuatro costados y que constituyen la máxima expresión de un “jogo bonito” nunca antes visto en los menesteres que hacen al retraso mental como deporte de élite.Las primeras ‘anotaciones’ del encuentro, como ya es costumbre para “Los Amarillos”, llegaron desde el sector de la cancha ocupado por los “pregoneros” y los “convocadores”, piezas clave dentro del sólido esquema de juego del “combinado macrista” en su faceta más ofensiva; no sólo son los encargados de la parte creativa y ejecutiva en lo que se refiere a las jugadas de ataque, sobre sus hombros pesan las responsabilidades propias de uno de los aspectos definitorios en este deporte: la ofensiva. En esta disciplina, para ganar, más que necesario es obligatorio ofender; ofender, hasta los límites de lo humanamente posible, toda idea o concepto que pudiera ser vinculado o relacionado con palabras tales como “inteligencia”, “consciencia”, “razonamiento” o “pensamiento”. El brillante desempaño mostrado por los “pregoneros” quedó grabado en el rostro más feliz de la convocatoria: las consignas. Es que, si la cosa va de ofender -y lastimar- a la “inteligencia” y -sobre todo- a la realidad, estos jugadores se encuentran -cuanto menos- un peldaño por encima de la élite mundial, superando ampliamente el desempeño de sus pares centro-africanos; regalándole a la historia y a nosotros, los “arrastradores seriales de testículos” que ocupamos las ‘tribunas populares’ del ‘estadio’, inolvidables joyas al estilo de “Estamos preocupados, pero no derrotados”, “¡Sí se puede!”, “¡En defensa de la República!” y la estrella la jornada: “¡Somos muchos más los que queremos un país republicano, democrático y DECENTE!”. Sin embargo, es necesario otorgar el debido crédito a los “convocadores”, que transformaron esos pases y centros en golazos imposibles de olvidar, a través de los habilidosos ‘pieses’ de Luís Brandoni y Juan José Campanella, dos consagrados y experimentados en el oficio de la pelotudez, la soberbia y la falacia de autoridad.

En la mitad, tanto del ‘campo de juego’ como del ‘partido’ en sí mismo, los “pancartistas” y “carteleros” se adueñaron por completo de todas las miradas al desplegar, cual pavos reales, el majestuoso ‘plumaje’ de su elocuente retraso mental trabajadamente depravado, potenciando de manera exponencial la anormalidad propia de las consignas y llevándolas más allá de las fronteras conocidas. Cada cartel, cada pancarta y cada bandera presente en el estadio, bien pudieran ser consideradas como verdaderas obras de arte dignas de engalanar las paredes del MALBA o el Luvre con deliciosas incoherencias al estilo de: “Juez: si 2+2 es 4 Es tán difícil? O son seres malignos que disfrutan vernos sufrir? #LaGrietaEsLaJusticia”, “más REPUBLICA no al POPULISMO”, “CRISTINA PRESA”, “No se preocupe, OCÚPESE, tenemos una REPÚBLICA que rescatar”, “¿Por qué marchamos?… (…) para consolidar la paz interior…”, “Juntos por al democrácia y la república”, “JUECES Y PERIODISTAS corruptos cuantos bolsos de coimas recibieron por: mentir, difamar, venderse, regalar la república Traidores dan asco lo sucio manchado con sangre sucio termina Si pueden QEPD” (NdR: Son transcripciones literales, el genocidio ortográfico no corre por cuenta nuestra), “Se que falta mucho, pero aun confio”, “Fuerza Sr. Presidente MACRI, juntos por el cambio”, “No votemos korruptos!! jueces no sean COBARDES”, “¡EXTINCIÓN DE DOMINIO!”, “Por la democracia, por la libertad, por la patria”, “No volvamos al pasado”, “un pueblo que elije korruptos no es víctima si no complice”, “por siempre mauricio macri mi PRESIDENTE el mejor” y muchas otras violentas ráfagas de caliente y espesa diarrea mental, impulsadas por una gastritis cerebral colectiva, complementadas por lo mejor de la mercadotecnia política “DO IT YOURSELF”.En el aspecto defensivo, no hace falta decir mucho: los “defensores” de este equipo hace tiempo que nos han acostumbrado a la carencia absoluta de fisuras en su juego, protegiendo a la “república” allí donde hubiera un mercenario al servicio de la prensa “korrupta” del equipo contrario. En este caso, Rafael García Palavecino (cronista del Cotolengo rival) tardará en olvidar la regia impronta de los zagueros ‘macristas’ y la rigidez defensiva propia de un orden casi marcial, que no dejó tras su línea una lente sin manosear o un micrófono sin morder.El broche de oro lo puso el capitán y “director”, quien sacrificó las valiosas horas de su ocio perpetuo apersonándose en el campo de juego para premiar al equipo -y también a la ‘hinchada’- con 20 largos minutos de limítrofes e indescifrables balbuceos repletos de incoherencias y subnormalidades, vomitados desde el balcón central de la Casa Babeada, sede del gobierno de Corkystán; hinchando de oligofrénicas esperanzas a los corazones de todos los presentes. Como frutilla del postre y, junto a su esposa, inmortalizó la jornada con el gesto más épico que un verdadero líder y estadista pudiera llegar a emprender: una “selfie”.

Como el “deporte rey” que es, la discapacidad intelectual profesional tiene su reflejo, su influencia y su correlato en el plano de lo político. En este caso, la totalidad del contexto y la particularidad de la coyuntura generan en los “pacientes” o “asociados” al Cotolengo de “Los Amarillos” una suerte de “sensaciones encontradas”. En el plano deportivo y, como ya hemos visto, son los campeones indiscutidos e indiscutibles de la oligofrenia colectiva profesional; pero, en el político, se enfrentan a un “descenso” de carácter casi irreversible. Es aquí donde puede apreciarse la imperiosa necesidad de llevar a cabo esta excursión terapéutica: la catarsis. Los Amarillos necesitaban, urgentemente, un respiro espiritual y una caricia a su moral cabizbaja, y no existe remedio mejor en situaciones como estas que la posibilidad dar rienda suelta al gigantesco cúmulo de exacerbadas patologías psiquiátricas que habitan las cabezas dementes de quienes pertenecen a las ‘castas’ de los “imbéciles optimistas y neuróticos” y sus pares, los “negadores compulsivos de la realidad”.

Ahora sí podrán dormir tranquilos gracias a la imaginaria certeza de que, destruyendo aún más la economía, adoptando nuevas e irracionales medidas que día tras día aumentan la cantidad de pobres y la cotización del dólar, y ennegreciendo el mal humor de la sociedad y de “los mercados”; ahora sí, serán capaces de descontar la abismal diferencia porcentual reflejada en la PASO. ¿O es que existe alguien tan estúpido como para no votar por nuestro amado “Rey Mogólico”? ¿Quién querría poner en peligro nuestro estatus como principal potencia mundial de la ‘bananerología’ y el subdesarrollo? Nadie… ¿Se puede ser más pelotudo? ¡Sí, se puede!

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

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