PUTAS, Harry, PUTAS.

Entrevista a militante de AMMAR

Siento, por ese misterioso mundo de las putas, un respeto y una admiración soberanas. A nosotros, los periodistas, nos emparenta con ellas -entre otras cosas- los ámbitos que, por profesión, estamos obligados a frecuentar: la calle, la noche y los bares. No me avergüenzo de decirlo, he pagado por sexo muchas veces en mi vida y pienso seguir haciéndolo por algún tiempo más, las veces que mi eros me lo exija y mi economía me lo permita.


La moral y su hermana la corrección política son ambas una reverenda mierda, son el arma de los débiles en los tiempos de paz, de los idiotas que no pueden ver cinco centímetros más allá de sus propias narices. La prostitución es la profesión más vieja de la historia, por lo menos así lo afirma el mito popular; eso significa que, en principio, es eso: una profesión como cualquier otra. Además, me estoy refiriendo a la prostitución en tanto “acto sexual” específicamente, pero si vamos hablar de prostitución en el más estricto sentido de la palabra ‘prostituir’, la prostitución la ejercen a diario más de la mitad de los trabajadores del mundo. Por lo tanto considero que lo correcto, desde ahora, será referirse a las personas que trabajan en el ámbito sexual como trabajadoras y trabajadores sexuales; o simplemente putas, esa palabra tan estigmatizada pero que las chicas han transformado en una bandera de lucha no sólo por el reconocimiento y el cumplimiento de los derechos civiles, sociales y -sobre todo- laborales que les corresponden, sino por el respeto a la inmensa dignidad y honradez de su trabajo, dentro y fuera de ámbito laboral.En otros tiempos y otras civilizaciones las putas supieron gozar de un estatus social, incluso, privilegiado, con más o menos atribuciones dependiendo del elenco cultural del que formasen parte; sin embargo, en nuestra oligofrénica sociedad occidental, judeo-cristiana y cosmopolita globalizada están, ahora mismo, luchando con los puños apretados y el cuchillo entre los dientes por sus reivindicaciones.


En Argentina estamos viendo crecer un movimiento de organización entre las trabajadoras sexuales que ya excede a la mera cuestión sindical y que, batalla tras batalla, está logrando empoderarse y ocupar la silla que le corresponde en la discusión nacional. AMMAR, o Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, representa para las putas mucho más que un sindicato, y su lucha representa para la sociedad mucho más que otro de esos superficiales avances del progresismo forro.
Se puede o no estár de acuerdo con todos o con algunos postulados puntuales de su lucha o en su empeño en formar parte de un movimiento feminista mal entendido y peor practicado que las rechaza bajo excusas más clasistas que científicas o ideológicas y que, en nombre de “la mujer”, las estigmatiza y re estigmatiza en un bucle siniestro; lo que no se puede es restarle importancia a los beneficios que a la sociedad civil toda y al Estado Nación podría aportar una justa regulación y dignificación del trabajo sexual. No sólo hablamos del aumento del trabajo registrado y la recaudación impositiva, sino de asegurarle a miles de niños y niñas un correcto acceso a la salud y la educación, sin decir que le quitaría una enorme cuota de poder a los entramados mafiosos en los que convergen el delito económico, el narcotráfico y la trata de personas. En realidad, quizás sea por esto último que, a pesar de no constituir delito alguno, el Estado se niega a reconocer al trabajo sexual como un trabajo propiamente dicho y nos distrae escondiendo la discusión real tras el ficticio binomio de tratante-víctima de trata, al más puro estilo de eso que algunos llaman “marxismo cultural”.Anita no es una dirigente -aún-, es una militante de base auténticamente convencida de la causa, una afiliada más que ejerce el trabajo sexual como medio de vida; y compartí con ella sesenta minutos por demás interesantes pero, sobre todo, educativos. Este es el testimonio, resumido y editado, de nuestro encuentro.

I

Revista Insomnio: ¿A partir de qué momento se forma el sindicato? ¿Desde cuando militás activamente en el mismo y qué función cumplís?

Anita: A partir de finales del año 1994 y principios de 1995. Yo participo desde hace, más o menos, un año y medio. No cumplo ninguna función en particular, soy simplemente otra militante.

RI: ¿Cómo comenzó la historia de AMMAR?

A: AMMAR nace como una iniciativa de las trabajadoras sexuales del ámbito de la calle como respuesta a la principal problemática que aún hoy las afecta: la violencia institucional y el abuso policial como su cara más siniestra. Con el tiempo las compañeras comprendieron que la única forma de luchar contra este flagelo es la organización y empezaron a juntarse en bares o en donde podían para organizarse y, luego de años de lucha, llegaron a la CTA.

RI: Desde la constitución formal del sindicato hasta hoy en día ¿Cómo fue el desempeño del mismo y qué obstáculos encontraron a la hora de formalizar el proyecto?

A: El trabajo sexual en Argentina no constituye un delito, pero tampoco se encuentra regulado por el Estado, que no lo considera como un trabajo en sí mismo. Debido a esto, AMMAR no es un sindicato de derecho sino de hecho. La personería jurídica nos la otorgo el ex presidente Néstor Kirchner en el año 2005 a través del Decreto N°1086, al ver que necesitábamos un marco legal que garantice nuestros derechos básicos. (NdR: Es cierto que, entre las más de doscientas medidas tomadas por el Poder Ejecutivo mediante el citado decreto se encuentra la de promover una ley que garantice a las y los trabajadores sexuales el acceso al sistema previsional y a una obra social, no obstante, aún no se aprobó ninguna ley al respecto. Si bien existen ejemplos de seccionales de AMMAR con personería jurídica como es el caso de AMMAR Córdoba, no pude encontrar información al respecto de una personería jurídica a nivel nacional).

RI: Dentro de los obstáculos que fueron encontrando a la hora de formalizar el sindicato ¿Podemos hablar de alguien en concreto? ¿Hay personas o entidades que estén abiertamente en contra de que las putas se organicen sindicalmente?

A: Con nombre y apellido no se, pero hay políticas que se impulsan desde el Estado o desde dentro mismo del movimiento feminista, donde existen sectores que son abolicionistas(1). Hay funcionarios que sabemos que están abiertamente en contra del trabajo sexual, como es el caso de Gustavo Vera, legislador de la Ciudad de Buenos Aires e impulsor de una ley conocida como la “Ley de Vera” (Ley N°5639) que, entre otras cosas, hizo cerrar los “cabaretes” y los prostíbulos que estaban habilitados. Podríamos decir que este es un Estado abolicionista; y eso no es poco, porque tiene recursos, presupuesto y puede generar leyes que afectan directamente a las trabajadoras sexuales.

RI: ¿Cómo te acercaste vos al sindicato?

A: Yo me acerqué porque quería retomar el trabajo sexual. Había ejercido en su momento cuando en los boliches se podía trabajar. Esos boliches se cerraron debido a la “Ley Vera”. Cuando quise retomar el trabajo sexual sabía que quería hacer de esto mi proyecto laboral y que tenía que hacerlo de la mejor manera posible, lo más organizado y seguro. Esa seguirad la encontré acá en AMMAR, con las compañeras, porque el trabajo sexual es un trabajo muy solidario también, dado al estigma que llevamos.

RI: ¿Es un sindicato abierto o con una base ideológica y política concreta?

A: No. Nosotras somos apartidarias, pero dentro del movimiento existen distintas corrientes.

RI: ¿Qué acciones concretas ha realizado el sindicato en los últimos años?

A: Tenemos aliados y formamos parte de un movimiento que se llama F.U.E.R.T.S.A (Frente de Unidad Emancipatorio por el Reconocimiento de los derechos de los Trabajadores Sexuales de Argentina, por sus siglas, y que se definen como “Una alianza entre organizaciones sociales, políticas, culturales; activistas, académicos/as, artistas, políticas/os y todas las personas que abogan por la defensa de los Derechos Humanos y Laborales de quienes ejercen el Trabajo Sexual en Argentina”.) en el que también participan amigos y compañeros del ámbito académico como abogados, antropólogas, etc.
Con otro grupo de compañeras trabajamos en conjunto para visibilizar y concientizar sobre todas las problemáticas que atravesamos las trabajadoras sexuales.

RI: ¿Cómo se relaciona AMMAR con el resto de los sindicatos, tanto de las dos CTA como de los distintos sectores de la CGT?

A: Estamos dentro de la CTA (Yasky). Aparte de eso, como trabajadoras tenemos conciencia de clase y respetamos a todos los trabajadores con sus respectivas identidades, y pretendemos lo mismo.

* * *

II

RI: El mundo de las putas se encuentra muy idealizado tanto desde la visión machista como desde las distintas perspectivas de las corrientes feministas (NdR: o de quienes se autodenominan neutrales ante el creciente conflicto de sexos (que no géneros, que hay uno sólo: el humano)). Te propongo como un ejercicio desidealizar a las putas y humanizarlas para desmitificar la profesión y los estereotipos que la rodean.
Para empezar ¿Cómo se acercan las chicas a la prostitución en tanto oficio y medio de vida?

A: Básicamente es por una necesidad…

RI: Aclaremos que hablamos de prostitución en cuanto a lo carnal, ya que existen distintos tipos de prostituciones como la prostitución ideológica o laboral en el sentido más puro de la palabra.

A: En este mundo capitalista cada uno se prostituye como puede… ¿Cómo nos acercamos al trabajo sexual? Por una cuestión de necesidad, como cualquier trabajador que pone su fuerza laboral para ganar dinero. Nosotras también lo hacemos por eso.

RI: Existe una idea -si así se le puede llamar- muy arraigada, tanto en sectores masculinos como femineninos, de que hay mujeres que se involucran en la prostitución por una cuestión de placer. ¿Qué hay de cierto en esta idea y qué no?

A: Tendríamos que preguntarnos también si a todos los trabajadores les resulta placentero su trabajo. Por otro lado ¿Qué habría de malo en que me guste o en que no me guste? ¿Por qué se dice del trabajo sexual que te tiene que encantar y que tenes que ir a trabajar feliz y contenta? ¿Quién se levanta feliz y contento para ir a trabajar y ser explotado por un “otro”? Nadie, no creo que haya alguien que diga: “Estoy aburrido, me voy a laburar”. Todo el mundo labura por una necesidad, y nosotras también. Habrá a quienes nos encante más, a quienes no tanto; y también habrá días en los que nos guste mucho trabajar y otros en los que no. Los días que sabemos que vamos a ganar más dinero supongo que nos gustarán más que otros y también, por supuesto, dependerá de los clientes.¿Qué hay de cierto en eso? No se, es muy incierto. Además, cada experiencia es distinta; a muchas mujeres les debe gustar y a muchas otras no, pero tenemos que trabajar igual.

RI: En referencia a lo estrictamente laboral ¿Cuáles son los distintos ambientes de trabajo en el que pueden desempeñarse las trabajadoras sexuales?

A: El mercado sexual es muy amplio, y últimamente lo es cada vez más. Están las mujeres que trabajan en la calle, las que trabajan en “departamentos privados”(2), las que trabajamos por internet, las que trabajan transmitiendo vía webcam, las actrices y los actores porno. Como dije antes, es un mercado muy amplio.
Yo me manejo por internet, lo que convierte a mi trabajo en algo bastante solitario. Si bien te conocés virtualmente con algunas compañeras; no es igual a las chicas que trabajan en la calle, se conocen las caras y tienen otro acercamiento físico.
En mi caso particular soy independiente, no tengo ningún mediador, pacto los encuentros directamente con el cliente.

RI: A la hora de interactuar con los clientes, y sin profundizar demasiado para no “avivar giles” ¿Qué medidas de prevención tomás y recomendás tomar a tus compañeras?

A: Hay toda una idealización al rededor de los clientes, quienes también son estigmatizados bajo la creencia de que todos son unos machistas, unos perversos, que son todos malos; y la verdad, el cliente que tenemos nosotras es el mismo cliente que tiene “doña rosa” en su negocio. Por supuesto que las trabajadoras sexuales estamos expuestas a la violencia. De hecho, la mayor cantidad de ‘femicidios’ y de violencia de género se da en el marco intrafamiliar; y el machismo es transversal a las clases sociales, a las profesiones e incluso a los sexos.
Obviamente que nosotras tenemos herramientas de auto-cuidado y seguridad; tenemos grupos, nos pasamos información, nos avisamos con quién vamos, a qué hora entramos y a qué hora salimos; y lo mismo las compañeras que trabajan en la calle: tienen grupos de whatsapp y hay una herramienta en red que se llama “La Putiseñal” que sirve, sobre todo, para los casos de violencia institucional; dado que con el actual gobierno la violencia institucional ha recrudecido. Tenemos herramientas de cuidado, por supuesto.

RI: ¿Trabajaste alguna vez en la calle?

A: No, en la calle no trabajé, pero si trabajé en boliches.

RI: A pesar de no haber trabajado en la calle ¿Podes contarme -según las experiencias de tus compañeras- cómo son las relaciones que se dan con los diferentes actores que intervienen en el ámbito de trabajo (Ej: la policía, los vecinos, las compañeras u otros trabajadores?

A: Por ejemplo, en el barrio de Flores con los vecinos es un gran problema: vecinos que denuncian, que no quieren ver putas en la calle… en Constitución también; aunque allí se han sensibilizado mucho, principalmente porque muchas compañeras que trabajan en Constitución también viven en Constitución, por lo que han realizado un gran trabajo de concientización que ha mejorado la situación. Después está la policía, que no la puedo dejar de nombrar…

RI: ¿Hay territorios donde la relación con los vecinos sea más amena, o incluso colaborativa?

A: No, pero existen casos particulares en todos los barrios. Por ejemplo, había una vecina de Constitución que hasta se acercaba a participar de las reuniones de AMMAR para saber como nos podía ayudar. Hay buenos vecinos en todos los barrios, pero eso también tiene que ver con el trabajo territorial que hacen las compañeras.

* * *

III

RI: Hablemos sobre la trata, ya que; por error, omisión o deliberación, los medios masivos de comunicación sindican a la prostitución como la forma casi exclusiva de la trata de personas. ¿Cuando hay trata y cuando no la hay?

A: La idea de que todo lo que es prostitución es también trata de personas es deliberada, se transmite desde los medios para generar opinión y construir realidades.
Cuando nosotras hablamos de trabajo sexual, hablamos de trabajo sexual autónomo, voluntario, ejercido por mayores de edad que, por decisión propia y por el motivo que fuere, han decidido ejercerlo. Lo otro (la trata) no es trabajo sexual. Lo que si hay, seguramente, es trabajo sexual precarizado, en algunos lugares más precarizado que en otros.
La trata de personas es un delito, y eso existe porque existen DELINCUENTES, no porque exista el trabajo sexual.

RI: ¿Cuáles son las condiciones del trabajo sexual precarizado?

A: En la calle, por ejemplo, donde una está expuesta a un montón de abusos, sobre todo por parte de la policía.

RI: ¿Y cómo son las condiciones en los “lupanares” o “casas de tolerancia”, mejor conocidos como “departamentos privados”? Generalmente son relacionados a las redes de trata. ¿Existen “departamentos privados” ajenos a estas mafias?

A: Si. Yo te puedo hablar de los que no se dedican a la trata, que hay muchos. Lo ideal para nosotras, para AMMAR, es que los “departamentos privados” sean cooperativas de trabajo de las trabajadoras sexuales.
En los “departamentos privados” también existe la precarización laboral. Existe un patrón al que hay que darle una comisión, todo en negro. Nosotras abogamos siempre a la autonomía y a las cooperativas.

RI: Si un grupo de chicas se quisiera agrupar, hoy, en una cooperativa para ejercer el trabajo sexual…

A: Van presas.

RI: ¿Según la normativa vigente?

A: Sí, vamos presas. Y eso pasa solamente con el trabajo sexual…

RI: ¿Irían presas bajo qué figura?

A: Para la normativa vigente, o sos tratante o sos víctima de trata, no hay grises. No existe la posibilidad de que nosotras digamos “estamos cooperativamente trabajando porque queremos”, eso no existe; para la ley tiene que haber, sí o sí, una tratante.

RI: ¿Existe algún proyecto en la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires o en el Congreso Nacional para modificar esta normativa?

A: Si, desde AMMAR estamos trabajando. Se presentaron proyectos en años anteriores en algunas provincias, según la coyuntura de cada una de esas provincias; pero ahora estamos trabajando en un proyecto nuevo a nivel nacional que tiene que ver con amparar a la mayor cantidad de compañeras y modalidades de trabajo posibles. Como hablamos antes, el trabajo sexual y sus formas de ejercerlo son muy amplias y cada provincia también tiene sus problemáticas particulares. Por ejemplo, hay provincias donde se da más el trabajo sexual en “departamentos privados” que en la calle porque el clima así lo dispone; también hay provincias donde existen códigos contravencionales distintos a los de Buenos Aires, lo que hace que la situación sea muy compleja. Lo que nosotras queremos son derechos laborales para las trabajadoras sexuales; queremos tener un monotributo y pagar nuestros impuestos, queremos tener una obra social, acceder a una vivienda digna para nosotras y también para nuestros hijos; porque el 86% de las trabajadoras sexuales somos madres y en algunos casos también jefas de hogar, como cualquier trabajadora.

RI: Volvamos, por un segundo, para atrás y hablemos de nuevo de los “departamentos privados”. ¿Existe alguna forma de que los clientes puedan diferenciar si el lugar al que asisten es un apéndice de las mafias de trata o un lugar de trabajo común?

A: Después de que se sacó el “rubro 59”, lo que resultó perjudicial para las compañeras porque allí promocionaban su trabajo, pasaron a hacer los famosos “papelitos” (NdR: pequeños volantitos en los que se promociona el servicio y que suelen pegarse en los teléfonos públicos y paradas de colectivos), que muchos los despegan y los tiran a la calle porque creen que detrás de cada uno de esos volantitos hay una víctima de trata, pero esos papelitos tiene inscripciones que dicen “somos mayores de edad, sabemos lo que hacemos, no somos víctimas de trata”.

RI: Claro, pero aunque el papelito lleve esa inscripción, bien podría ser falsa. Yo, cliente ¿Cómo puedo saber que me encuentro en un “departamento privado” común y no en un lugar de trata?

A: Preguntándole a las chicas, hablando con ellas. Siempre hay que escuchar la voz de la trabajadora sexual. Supongo que esa debe ser la mejor manera. Nosotros no tenemos un registro, no somos el Estado.

* * *

IV

RI: Hablemos de la policía.

A: Ha sido, históricamente, el mayor problema de las trabajadoras sexuales. Pero no es solamente la policía, es “el yuta” que la gente tiene en su interior, el estigma. Que te pidan coimas en la calle, el abuso de autoridad que sufren las compañeras, sobre todo las compañeras trans(3), que siempre ha sido el colectivo (dentro del ámbito del trabajo sexual) más vulnerable y más golpeado. Que quieran obligarte a vender droga para ellos, que te quieran desnudar en la calle para requisarte, que te quieran llevar detenida.

RI: Claro, la violencia no es sólo cuando sacan el palo y reprimen. Tratemos de describir con palabras, en la medida de lo posible, qué es lo que siente una trabajadora sexual cuando es violentada de esa manera.

A: Mucha impotencia, mucha indignación. Las putas que trabajan en la calle no son boludas, saben que tienen derechos, y están ahí porque quieren y saben que se están explotando a ellas mismas antes de que las explote otro. Lo primero que sienten es mucha impotencia.

RI: ¿Existe el abuso sexual por parte de los policías dentro de las comisarías?

A: Nosotras estamos haciendo ahora una encuesta sobre violencia institucional y muchas chicas declaran que los agentes les piden favores sexuales para no plantarles pruebas y llevarlas detenidas. También hay muchas compañeras que tienen relaciones sexuales consentidas con efectivos de la policía por miedo a represalias.

RI: A eso se le llama coactivo. De modo coercitivo ¿Existen abusos o violaciones dentro de las comisarías por parte de los efectivos (Ejemplo: entrar a la celda a los golpes y accederlas carnalmente contra su voluntad usando la violencia) ?

A: Sí, por supuesto que existe.

RI: ¿Qué medios tienen las chicas para denunciar estos hechos? ¿El Estado brinda las herramientras necesarias?

A: No, claro que no. Tenemos derechos pero no están garantizados. Algunos creen que por el hecho de ser trabajadoras sexuales implica un delito y no pueden denunciar cuando son violentadas por las fuerzas de seguridad; pero en Argentina el trabajo sexual no es un delito.

RI: El Estado publicita constantemente las vías para que las mujeres denuncien la violencia de género y accedan a protección, como son el teléfono n°147 y las “comisarías de la mujer”, pero ¿Son medios realmente efectivos?

A: De las trescientas encuestas que yo hice hasta ahora, sólo dos chicas han denunciado todos esos abusos que han sufrido, y muchas han dicho que no han denunciado porque no sabían que podían denunciar o porque no sabían dónde denunciar, porque les daba vergüenza, porque no querían ser tratadas como delincuentes, por temor a posibles represalias. O sea, hay compañeras que denuncian, estamos nosotras también que trabajamos con ciertos atajos legales, con asesorías. Tenemos compañeras y compañeros abogados que trabajan para las chicas que quieran hacer denuncias. Si nosotras estamos, eso avanza.

RI: ¿Existen casos de violencia institucional perpetrados por agentes policiales femeninos?

A: Sí, por supuesto que sí. Pero, además, la violencia institucional no sólo es ejercida por la policía. También se da en los hospitales, en las escuelas. Allí también hay violencia institucional.
En los hospitales, por ejemplo, cuando una compañera va a hacerse atender por algún motivo de salud, automáticamente le mandan a hacer el test del HIV, de forma compulsiva. El hecho de que yo sea trabajadora sexual no significa que yo tenga HIV, de hecho los estudios que se han realizado sobre el tema demuestran que el ámbito del trabajo sexual tiene el menor índice de contagio. Es muy violento que vayas al hospital por un dolor de muela y te manden a hacerte el test del sida.En las escuelas no es diferente, pocas se animan a decir de qué trabajan. Siempre me acuerdo cuando Georgina (Orellano, Sec. Gral. de AMMAR) contó que su hijo su hijo en el colegio dijo: “Mi mamá es trabajadora sexual”, y la maestra le dijo: “No, tu mamá es trabajadora social” y el hijo le insistió: “No, no, mi mamá es trabajadora SEXUAL”, y la maestra no entendía… Pero bien, en el colegio lo entendieron y reaccionaron bien. Sin embargo también hay casos de compañeras que han recibido el repudio de maestros, directivos y de otros padres, o burlas hacia sus hijos por parte de sus compañeros de clase. Eso los chicos lo aprenden de sus padres, no nacen discriminando.

* * *

V

RI: ¿Como pueden acercarse al sindicato las chicas que deseen participar? 

A: Hay talleres, actividades, información, asesoría jurídica. En nuestra sede de Constitución se hacen talleres sobre un montón de temáticas y problemáticas que a las compañeras les interesa como el feminismo, el aborto, de cuidados, de salud, de hormonización, de prevención de enfermedades, del uso responsable de las drogas, y lo más importante: sobre los derechos que nosotras tenemos, porque si vos sabes cuáles son tus derechos no te los van a poder vulnerar tan fácilmente; que ellas sepan a dónde tienen que concurrir, a quiénes tienen que recurrir, que no están solas, que tienen un sindicato que las va a apoyar. Eso es muy importante.
Además damos el plan FINES y talleres de formación laboral.Para acercarse a AMMAR Constitución tienen que ir los miércoles de 14 a 16 Hs. a la Defensoría, con un programa que se llama “¿Te paró la policía?”. También estámos en la central de CTA en Piedras 1065 de lunes a viernes de 10 a 20 Hs. Cualquier inquietud que tengan las trabajadoras sexuales aquí las vamos a ayudar y a contener.

Referencias:
(1) El abolicionismo es una corriente dentro del movimiento feminista que pugna por -justamente- ABOLIR la prostitución por considerarla vejatoria para la mujer, sus derechos y sus reivindicaciones. No confundir con Abolicionismo en tanto doctrina jurídica.
(2) Coloquialmente conocidos como “Saunas” o “Puteríos”.
(3) Travestis, transformistas y transexuales.

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

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