Todo tiene que ver con todo.

En medio de un contexto económico y político bravo -si los hay-, propio de un año electoral en el que está en juego -y creo que no exagero- el futuro de nuestro país como tal; unos adolescentes idealistas fueron ‘mandados al matadero’ como ‘carne de cañón’ de una perfectamente orquestada y altamente efectiva ‘operación de propaganda y distracción’,ejecutada a fin de ocultar bajo la alfombra de los debates mediáticos estériles las desconcertantes vicisitudes inherentes al actual proceso de reconfiguración de la correlación entre las fuerzas que dan vida al llamado “mapa geopolítico”, y las impredecibles y peligrosas consecuencias derivadas de la interacción entre dicho proceso y la desvergonzada crapulencia de una administración colonial entreguista y cleptoparasitaria que parece no terminar de decidirse entre resignar su reelección para huir -botín en mano- cual ratas por tirante antes del inminente estallido de la economía nacional o continuar el expolio hasta que el ‘filo’ de sus prácticas mercadotécnicas termine de gastarse y ya no les permita dilatar el advenimiento de lo -aparente y consecuentemente- inevitable. De tal forma, la aguja del metrónomo mediático oscila frenética entre la patética y tragicómica disputa que mantiene en vilo a una sociedad oligofrénica presta a repartir sus simpatías entre una jauría de hienas y una parva de subnormales que beligeran en pos de hacerse con el derecho a establecer bajo qué argumentos y con qué moralinas justificar el testarudo empeño por concretar el objetivo irónicamente compartido de alterar nuestra tradición alimentaria haciendo del acceso a los imprescindibles nutrientes de origen animal una cuestión de carácter aún más prohibitivo de lo que hoy en día lo és; y los diversos avatares -ficticios y reales- de una oposición política que, al juzgar por el confuso y a veces contradictorio galimatías del que han hecho su estrategia electoral, tampoco pereciera encontrarse demasiado convencida con la idea de un potencial suicidio político y aguarda con los dedos cruzados, las manos en la espalda y un pié estirado, que el ‘macrismo’ pierda el longevo invicto de su pornográfico cinismo y tropiece, al fin, con sus propias torpezas.

Aún a pesar de lo expuesto en la introducción, hoy me centraré en analizar algunas de las aristas derivadas de esta efectiva cortina de humo, resignando -por el momento- en letras ajenas el tratamiento de las cuestiones que la subyacen. Y es que intuyo, hurgando las entrañas de este ‘spaventoso’ vendaval de pueriles discusiones desatado tras la ¿espontanea? “doma de progres” acontecida días atrás en el palermitano predio de la SRA, tal vez podamos rescatar algunas ideas que nos ayuden a entender el tristemente ridículo -o ridículamente triste, como Usted prefiera- acontecer nacional. Además, como todo tiene que ver con todo y aprovechando que -por cuestiones ‘de fuerza mayor’- debimos cancelar la salida de nuestro número de julio, uniremos cabos con algunos sucesos del último mes que desnudan el carácter inducido de la degeneración que afecta a las interacciones que hacen a una sociedad a la cuál se le está enseñando a gozar de manera cuasi-orgásmica con su propia desintegración.

Alguien hace un chiste por las redes sociales, que no es tan chiste y que resume en simples palabras la falsa dicotomía entre “veganos” y “gauchos”: Ni ellos, ni la Sociedad Rural, quieren que los argentinos comamos ‘asado’. Parece una “chicana”, y hasta podría serlo, pero en aquella sentencia subyace una duda no poco alarmante: ¿Existe la posibilidad de que, tanto “veganos” como “ruralistas”, fueran herramientas en las manos de los mismos “patrones” foráneos, quienes los utilizan a fin de arar nuestro suelo en pos de sus inconfesables intereses? No puedo culpar a los lectores que encuentren a esta pregunta un tanto descabellada o peregrina, no obstante, hay detalles que nos permiten especular con una respuesta medianamente afirmativa. Sin ir más lejos, puedo remitirme a los albores de julio cuando, en ocasión de lo que los medios de comunicación llamaron “la noche más fría del año”, algunas prestigiosas instituciones deportivas en colaboración con la Red Solidaria de Juan Carr, abrieron sus instalaciones para contener a la tristemente abundante y agraviantemente creciente cantidad de personas en ‘situación de calle’. Por entonces, supo hacerse ‘viral’ en las redes sociales una consigna nacida desde el seno de la “izquierda” y el progresismo ‘porteño’, como una especie de “grito virtual” destinado a interpelar al ‘poder eclesiástico’ en la forma de una etiqueta: #AbranLasIglesias.

A quienes pergeñaron semejante eslogan -entiéndase como la ‘casta política’- poco les importa -salvo honrosas excepciones- la suerte de aquellos infelices obligados a morar en los fríos asfaltos de la urbe portuaria, y mucho menos les interesa ocupar siquiera minutos y/o centavos en esta gente que -pudiera presumirse- no votan. Aún así, no pretendo con tal sentencia desmerecer las buenas intenciones de quienes ingenuamente se plegaron a la torpe iniciativa creyendo así aportar su ‘granito de arena’ a la noble causa de los desposeídos, pero lo cierto es que pocas veces han brillado con tanta vigencia aquellas contundentes palabras de San Francisco de Sales: “El camino al infierno se encuentra empedrado de buenas intenciones”; y es que, si hablamos de desmerecer o denostar, la nefasta etiqueta que inundó por horas los dominios de Twitter y Facebook justamente hacía eso para con el inmenso y loable trabajo que noche tras noche emprenden jóvenes y adultos desde las iglesias y parroquias de toda la ciudad y -por qué no- del país entero. Pero está bien, no podemos pedir ni esperar otra cosa de aquellos que, en su tiempo libre y desde la confortable comodidad de un cálido hogar, pretenden “cambiar el mundo” con un ‘tuit’. Es triste, también es triste que ni siquiera se encuentren al tanto de que gran parte de esos subsidios que el Estado destina a la manutención de la ‘religión nacional’ y que tanta indignación les genera, justamente sean utilizados para la empresa de amainar los padecimientos de los sectores más desafortunados de la clase trabajadora; pero, todavía más triste -si cabe-, es el hecho de que no se les haya cruzado por la cabeza la idea de interpelar al sector que -por excelencia- representa a la mezquindad encarnada y que mayores beneficios usufructúa -en ocasiones, por las espurias vías del ilícito- de nuestro erario público: el sector privado. Si la intención realmente hubiera sido exponer las miserias propias de ciertos ‘grupos de poder’ ¿Por qué no, mejor, exigir a quienes lucran con el hambre del pueblo abordar tan lastimosa problemática haciéndose cargo de los destrozos sociales que ellos mismos ayudan a generar? ¿Por qué, en lugar de clamar iracundos por la apertura de iglesias y templos, no lo hicieron por la de los ‘habitáculos’ que el ‘cártel bancario’ destina al albergue de sus ‘cajeros automáticos’ y que ‘pueblan’, de a cientos, la ciudad? Si es que el ‘wifi’ llega con su señal al casco de sus estancias; los Biolcati, los Casares, los Ravagnán, los Temperley, los Miguens, los Blanco Villegas, los Etchevehere, los Anchorena, los Martínez de Hoz y el resto de facinerosos delincuentes que integran los endogámicos clanes de la Sociedad Rural Argentina habrán sonreído despreocupados con una burlona y degenerada mueca en sus desagradables rostros al contemplar que la enajenada ‘progresía’ omitía toda referencia al gigantesco predio en el que, una vez al año, exponen al mundo su valorada mercancía e ignominiosos ostentan burlones frente al rostro de una Argentina carenciada los cuantiosos beneficios de pertenecer al selecto grupo de hijos de puta que creen tener la divina potestad de decidir quién come y quién no en este país. Dicho predio, ubicado en uno de los principales nodos del transporte público, ocupa más de 55.000 m2 en una de las zonas más privilegiadas de la ciudad; poco menos del 85% del total de su extensión (unos 45.000 m2) corresponde a la superficie ‘cubierta’, sin contar un estacionamiento subterráneo con capacidad para unos 1000 automóviles. Por otro lado, lejos de la irrealidad expresada en los números oficiales, las estadísticas más certeras nos dicen que un aproximado de 7200 personas (7251, según el diario Clarín) duermen cada noche en las calles de Buenos Aires. La cuenta es sencilla: de haberlo querido así, la SRA podría haber cobijado al total de los linyeras ‘porteños’ brindándoles un cómodo espacio de más de 6 m2 a cada uno de ellos. ¿Por qué no lo hicieron? Porque son una mierda, como institución y como personas. ¿Por qué los “progres” y los “zurdos” no se lo exigieron en sus publicaciones? Por el mismo motivo.

Y… ¿Dónde es que entran los “veganos” en esta historia? Bueno, para entender cuál es el papel que desempeñan deberíamos, primero, definir qué son y qué no son los “veganos”. Para nosotros, los hispanos, un “vegano” debería ser todo aquel nacido en los pueblos y ciudades que llevasen por nombre “La Vega” pero como, en detrimento de esa invaluable herencia cultural hispánica que tanto nos enseñaron a odiar, “nos” encanta -e incluso nos excita- importar a nuestras tierras cualquier execrable subnormalidad parida del patológico “pensamiento” sajón y protestante (más aún si poseen un carácter exótico o extravagante); terminamos por adoptar la palabra “veganismo” como transcripción de “veganism”, término acuñado por el inglés Donald Watson en 1944, con el fin de diferenciar al vegetarianismo común -el de toda la vida- del aquel que es propio de quienes llevaban sus conductas alimenticias a un nivel más “extremo” y generalmente asociado a cuestiones de índole ideológica. Watson fue el fundador de TheVegan Society, la piedra fundacional del “veganismo” extremista y estableció las bases de esta pseudo-ideología que hoy se autodefine como un “movimiento ético y político”; de más está decir que Watson fue un furioso “animalista”, motivo que lo impulsó a desarrollar dicho concepto para diferenciar a quienes “militan” por los ‘derechos animales’ de quienes desisten de la ingesta de ‘carnes’ por asuntos más simples como el cuidado de la salud o una preferencia gastronómica personal, a quienes él denominaba despectivamente como “ovo-lacto-vegetarianos”. Sin embargo, antes de continuar, es preciso hacer una aclaración: cuando hablamos de la “extremización” o “radicalización” de estos grupos, lo hacemos en referencia a sus prácticas propias y sus postulados, y no tanto en cuanto al tenor violento de sus protestas y manifestaciones; de ninguna manera pretendemos comprar a estos “adolescentes idealistas” con organizaciones terroristas de la talla del movimiento extremista anti-islámico birmano 969, dirigido por el monje budista Ashin Wirathu, quien se auto-proclama “el Bin Laden de Myanmar”, o con su símil Bodu Baka Sena (Fuerza Budista) que hace a las pesadillas de los musulmanes que residen en Sri Lanka. Si bien estos grupos extremistas practican el “veganismo”, su violencia se encuentra motivada por asuntos de índole religiosa y “nacionalista”, y el hecho de no comer carne corresponde a otro de tantos aspectos de sus prácticas budistas que no se vinculan a sus ínfulas belicosas; en ese sentido, los asesinatos y ataques a dueños de frigoríficos o carnicerías perpetrados por Bodu Baka Sena no están ligados a una intención de castigar el consumo de alimentos cárnicos sino a la presunción de que las víctimas sacrificaban vacas (animales sagrados para el budismo) con el fin de elaborar comida ‘halal’. Si bien las protestas de “veganos” en el mundo occidental son violentas (en tanto que violencia significa el ultraje del orden natural), aquellos que involucran el uso de la fuerza bruta son, más que escasos, ínfimos. Finalmente, también hay que aclarar que existen religiones que incluyen entre sus prácticas el “veganismo”, como pudiera ser el “Jainismo”, pero que no tienen relación alguna con las aberraciones ideológicas posmodernistas.

Amén de lo expuesto, también resulta imprescindible destacar el aporte de un gran número de colectivos que, si bien suscriben a las prácticas alimenticias no carnívoras, lejos están de -siquiera- simpatizar con los ‘paquetes ideológicos’ importados y sus posiciones inquisitivas e impositivas. Entre ellos, podemos mencionar que fueron tales colectivos quienes han logrado instalar en el debate público la impostergable cuestión del envenenamiento alimenticio por la vía de los agrotóxicos o las nefastas consecuencias de la pauperización de la calidad alimenticia de los productos cárnicos derivada de los nuevos métodos de producción ganadera como los “feedlots” o la utilización de hormonas, antibióticos y otras perniciosas sustancias en aras de maximizar los beneficios percibidos por las industrias sojeras y ganaderas; sin dejar de mencionar que, lejos de hacer el ridículo en pos de una ‘operaciones de propaganda’, se juegan la vida todos los días poniéndole el pecho a las balas policiales en las dependencias de Monsanto o en algún campo de cultivos transgénicos perdido en las entrañas de una geografía nacional fumigada a fuerza de glifosato. Desde aquí, no deseo otra cosa que enviarles mis respetos y hacerles llegar mi profunda admiración porque ellos, en un silencioso compromiso supino con los DD.HH, si no mueren de cáncer lo hacen ‘de bala’ en la defensa de la salud y la vida de TODOS nosotros.

Dicho esto, hay que mencionar que -en tanto “movimiento organizado” y faceta radicalizada del “animalismo”- el “veganismo” no es más que otra de las tantas expresiones pseudo-ideológicas pre-fabricadas e “intercambiables” paridas por el posmodernismo como instrumento de manipulación social a fin brindar sustento filosófico a las evidentemente inviables democracias liberales de occidente. Junto con el “feminismo de tercera y cuarta ola”, el ‘lobby’ “LGBTQETC”, el multi-culturalismo, el anti-clericalismo pseudo-ateísta, el terraplanismo y la “conspirología”, el emprendedurismo y el meritocraticismo, los “nacionalismos” (según su concepción europea, que pudiera traducirse para las tradiciones políticas hispanoamericanas como ‘separatismos’ o ‘segregacionismos’ y que encuentran su más genuina representación en los “-autopercibidos- nacionalismos -pseudo-católicos” de corte pseudo-fascista y filo-nazi como pudieran ser Biondini y su partido Bandera Vecinal), el indigenismo, el trotskismo y todo el imaginable e inimaginable universo multicolor de retorcidos “ismos” basados en la exaltación de cualquier tipo o combinación de intrascendentes e irrelevantes prácticas, conductas y/o rasgos identitarios y diferenciatorios; el “veganismo” forma parte de un bien planificado, estructurado y financiado contubernio donde conviven y comparten intereses comunes todas estas enajenadas minorías -cada una más minoritaria que la otra-, instrumentalizado por aquellas facciones que pugnan por el ‘control global’ en aras de contener y neutralizar el descontento social y canalizarlo por cauces que les pudieran resultar inofensivos e, incluso, beneficiosos. Dicho esto, sólo queda por mencionar que -por ejemplo- dos de las jóvenes manifestantes que participaron de la ‘operación de propaganda y distracción’ ejecutada en el predio de La Rural y luego visitaron el grotesco ‘inodoro opino-escatológico’ y pseudo-periodístico que hace las delicias del ‘prime time’ por la señal de América TV, portaban en sus bolsos o mochilas el verde pañuelo que identifica al “feminismo” y su “lucha” por conquistar el imprescindible derecho de matar a su propia descendencia; intuyo, también, que el mismo se encontraba acompañado de su ‘hermano’ naranja, aquel que identifica a quienes odian los valores universales del catolicismo y reniegan de nuestra rica herencia hispánica, aún a pesar de ser -y haber sido- beneficiarios de la misma. En fin, creo que todos podemos imaginarnos a esa bienintencionada jovencita replicando con furia la nefasta etiqueta anti-religiosa, aquella helada noche de otro invierno ríoplatense que la encontraba aburrida, desparramada sobre un “puf” bajo el viento calentito escupido por el aire acondicionado empotrado en la pared de algún sofisticado “loft” perdido por la Av. Santa Fe, indignada por la falta de humanidad de esos millonarios obispos sin alma.

Les pido, por favor, que no se indignen, que no comiencen un festival repugnante de insultos y violentas ‘vomitadas’ de in amalgamables mezcolanzas conceptuales y exacerbadas confusiones interpretativas; pero ¿A dónde quiero llegar con esta “perorata”? La cuestión es muy simple: mientras analizaba los perfiles de los “bandos” contendientes en esta innecesaria, inoportuna e improductiva disputa mediática, pude notar que ambos comparten no pocas características en la estructura argumental de los postulados expresados en sus discursos y proclamas; como si, ya fuera por ‘la positiva’ o por ‘la negativa’, progresistas pequeño-burgueses y portentosos terratenientes oligarcas se encontrasen en una búsqueda por concretar -exáctamente- los mismos objetivos y tuviesen, si no iguales, fines similares o incluso complementarios. Por si no les quedó claro o no pueden -o quieren- creer ni aceptar que estoy diciendo lo que estoy diciendo, se los repito sin vueltas y en ‘cristiano’: esta “derecha” y esta “izquierda” obedecen al mismo “jefe” y trabajan para la misma “empresa”. No son ‘lo mismo’, como dijera alguna vez, con relación a Macri y Scioli, el infradotado imbécil de Nicolás Del Caño, pero tampoco se encuentran demasiado lejos; es más, no es difícil imaginar que, de seguir insistiendo en la radicalización de sus discursos y procederes, pronto terminen chocando entre sí -si es que ya no lo han hecho-.

Para empezar, cada uno y en sus muy particulares modos, pugnan por la reducción de la población -supuestamente- “sobrante”. Esto tiene sus raíces en la concepción ‘protestante’ de que un muy pequeño grupo de personas en este mundo serán las acreedoras de “la salvación” tras el “juicio final”, y no son otros que quienes logren acumular el mayor capital intelectual y económico posible; en contraposición, los “pobres”, en tanto “condenados” ‘de origen’ poseen un status inferior al del ‘hombre común’ y más cercano al de “bestias” o “animales”, por lo que deberían de ser marginados, apartados o dejados a su propia suerte, si no es que asesinados. A este postulado, el economista británico -y pastor anglicano, para variar- Thomas Malthus, le dio una vuelta de tuerca con sus teorías socio-económicas sentando las bases de lo que conocemos como “eugenesia”. Malthus sostenía que, siendo que “los pobres” se reproducen con mayor velocidad y en cantidades superiores a lo que lo hacen los integrantes de esa pequeña élite de “elegidos”, por la vía de la ya refutada idea de la escasez de recursos -sobre todo alimenticios, tener en cuenta esto-, llegaría un momento en que harían peligrar la subsistencia de las clases dominantes y, por tanto, era -más que necesario- urgente tomar medidas al respecto, a saberse: reducir la cantidad de “pobres” al número mínimo indispensable para el emprendimiento de las labores más ingratas y controlar la reproducción de los mismos a fin de evitar la “sobre-población”. En caso de que se encuentren interesados en el tema, les dejo un video a título informativo y la responsabilidad de contrastar los datos y comprobar por Ustedes mismos si es que Malthus tenía, o no, razón. (https://www.youtube.com/watch?v=viU_uSEx6O0 )En consonancia con lo expuesto, demás esta decir que desde el mismo momento de su conformación, nuestra “hermosa” oligarquía (esa que tiene un corazón enorme y repleto de bosta) ha apelado a todos los medios posibles para garantizar la perpetuación del modelo económico agro-exportador del que han sido arquitectos, defensores y principales beneficiarios; en ese sentido, la mítica “Argentina potencia mundial” de fines del 1800 y principios del 1900 se logró construyendo el “granero del mundo” sobre los cadáveres de cientos de miles -por no decir millones- de indios, negros y gauchos cuya existencia y su potencial reproducción significaban un peligro latente para la estabilidad de las ‘cuentas’. Los que no fueron asesinados en masa durante la consolidación del ‘modelo’, fueron obligados a matar y morir destruyendo el Paraguay a instancias de los intereses británicos. El frenesí genocida de los terratenientes ‘patricios’, afortunadamente, fue interrumpido con la llegada el gobierno de Juan Domingo Perón y la implementación de un modelo económico basado en la industrialización y el desarrollo tecnológico, al que posteriormente -y también en consonancia con los intereses británicos- se encargaron de derrocar, cosa que no les fue de mucha ayuda ya que, en sus 9 años de gobierno, el peronismo consiguió modificar a perpetuidad ciertos aspectos de la matriz económica y productiva y, de ahí en adelante, la oligarquía tendría que adaptarse a los “tiempos modernos” refinando sus métodos (aunque, de tanto en tanto, se les escapara un genocidio, como el de la última dictadura CÍVICO-militar). En definitiva, y ateniéndonos a las declaraciones recientes de ciertos funcionarios, a este modelo económico que ha logrado empobrecernos a velocidad de ‘match 5’, le cerrarían los números si pudiéramos reducir la población -por lo menos- en 10 millones de habitantes. En ese plan, no resulta raro que fuese, justamente, este gobierno el que abriera formalmente el debate por la liberalización del aborto y, dicho esto… ¿No les resulta sospechoso que el argumento más fuerte de las abortistas encontrase su base en “proteger” a las mujeres de las clases populares? ¿No será que, tras esa “sororidad”, lo que se esconda sea un interés por frenar y controlar el aumento de la población en los sectores de más bajos recursos? ¿Pudiera ser también que, tras la “ideología de género” -o degenerada, da igual- y la incentivación/normalización de las conductas homosexuales, pudieran estar los mismos intereses siniestros? Se las dejo picando…

Seguro que alguien me dirá que estoy mezclando ‘churras con merinas’ y que no existe un vínculo comprobado entre “aborteras”, “putos” y “come-pastos”. Lamentablemente, son estos tres “colectivos” quienes pueden ratificar mis afirmaciones; ya sea de la boca de “Srta. Bimbo” (https://www.youtube.com/watch?v=5tUKFEUTNHA) y adolescentes ‘youtubers’ como “@Polifacética” (https://www.youtube.com/watch?v=YVZQoI60zps), o en los videos propagandísticos en las que organizaciones “veganas” y “animalistas” donde se muestran compartiendo junto a los “militantes” del ‘lobby’ gay en las “Marchas del Orgullo” (https://www.youtube.com/watch?v=-4SWwZS2KBQ). Y eso, sin mencionar el hecho de que, además de adaptar su “ideario” a los mitos del “patriarcado” y la “homofobia”, los “veganos” han adoptado prácticas propias de tales “movimientos” como la llamada “cultural del escrache” y la tendencia a convertir sus luchas -más que en una “cruzada”- en una violenta inquisición, confundiendo los conceptos de moral y ética (o tergiversándolos adrede, qué más da) en el afán de justificar conductas indiscutiblemente aberrantes.

Para cerrar, me gustaría compartir con Ustedes los frutos de una incipiente indagatoria que emprendí a modo de ejercicio intelectivo y a fin de comprender mínimamente cómo se constituye el “mapa” organizativo de esta redescubierta “militancia vegana”, no sin dejar en claro que los resultados de tal empresa no representan conclusión alguna, que deberán ser ‘tomados con pinzas’ y que en un futuro próximo me dedicaré a una investigación más seria -y, quizás, formal- del asunto.Tras analizar el video que muestra la “invasión vegana” a la ‘pista central’ del predio de La Rural durante la realización de uno de los eventos más importantes de la 133° exposición oligárquica, no pude dejar de preguntarme cómo es que lograron acceder al interior de dichas instalaciones en compañía de sus pancartas y, más aún, por qué quienes se hallaban alrededor de los jovencitos se mostraron tan indiferentes al momento en que los mismos cruzaron las vallas de contención que separan las gradas de la pista. Quizás me encuentre llevando mi suspicacia a un nivel exagerado pero la manera en que se desarrolló el suceso pareciera indicar cierto grado de complicidad por parte de las autoridades que administran la seguridad del predio; no digo que la zona se encontrase “liberada” o algo por el estilo pero, si alguno de Ustedes ha asistido a la exposición ruralista, entenderá de qué les estoy hablando. 

Es entonces que quise saber más acerca de los manifestantes pero, sobre todo, de quiénes podrían encontrarse detrás de la organización de la protesta, por lo que fui derechito a ver qué decían al respecto las páginas del ‘órgano de difusión’ posmo-progre por antonomasia; Pasquín 12 nunca me falla. Un artículo escrito por Ludmila Ferrer que lleva por título “El mapa del veganismo” me obsequió, en sus primeros cuatro párrafos, el hilo del cual comenzar a tirar: el nombre “Animal Save Argentina” se repite con una tozudez disfrazada de constancia e incluso tiene su propio ‘capítulo’ dentro del artículo; sin embargo, en lo que hace a su extensión, el mismo no ofrece claridad alguna sobre la organización de la mediatizada protesta, por lo que me vi obligado a indagar en otros medios. En resumidas cuentas, la manifestación en el predio de La Rural fue organizada y difundida por varias “agrupaciones veganas” de manera, según se dice, horizontal; donde a la participación de Animal Save Argentina debe sumársele la de otros ‘colectivos’ de origen internacional como DXE (Direct Action Everywhere) y Anonymous For The Voiceless, y nacionales como Voicot y Acción Animal. Además, es necesario hacer referencia al particular carácter “endogámico” del ‘mundillo’ del “activismo vegano” o “animalista” ya que, en muchos casos, estos “activistas” forman parte de dos y hasta tres de estas organizaciones al mismo tiempo. Debido a la escasez de tiempo con el que contamos para la publicación de este número, opté por centrarme en Animal Save Argentina, principalmente por el hecho de que su nombre es el más repetido en todo el artículo, unas doce veces aproximadamente.

¿Qué o quiénes dan vida a esta organización y cuáles son los fines que persigue? 

Animal Save Argentina es una de tantas ‘filiales’ o ‘franquicias’ pertenecientes a The Save Movement, un muy curioso movimiento co-fundado en 2010 por Anita Krajnc, una polémica activista por los “derechos de los animales”, que en sus orígenes llevó el nombre de Toronto Pig Save. The Save Movement tiene un extraordinario y extraordinariamente confuso esquema organizativo que se manifiesta a través de distintas expresiones que, a su vez, se ramifican en un incontable número de ‘células’. Es así que, de la “casa matriz” se desprenden las divisiones correspondientes a la cuestión climática (Climat Save Movement), la de salud (Health Save Movement) y veganista (Animal Save Movement); a su vez, cada una de ellas posee incontables filiales y “desprendimientos” y, en nuestro país, el mapa se compone de la siguiente manera:Climat Save se divide entre Climat Save Argentina, Climat Save Buenos Aires, Climat Save Córdoba, Córdoba Bee Save y Chaco Bee Save. Por su parte, la rama “vegana” se conforma de 19 ‘células’ repartidas a lo largo del territorio nacional, y el Health Save Movement en tres. Según expresan en su sitio web (www.thesavemovement.org), cualquier persona puede comenzar su ‘franquicia’, para lo cual ofrecen un “starter kit”. Amén de esto, su presencia en Hispanoamérica se encuentra muy extendida, contando con 21 ‘filiales’ en México y otras tantas en Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia, Panamá, Colombia, Brasil, Ecuador, Costa Rica, Nicaragua y otros tantos más; incluso, según afirman en su portal, sus ‘filiales’ superan las 660 y hasta se encuentran representados en los dos países más serios del mundo: Irán e Israel (ya sea en los territorios ocupados como también en los administrados por la Entidad Palestina).

Antes de continuar relatando las particularidades de este “movimiento” y sus tenebrosas “relaciones sociales”, es menester profundizar en los avatares de su presencia en tierras nuestras. Al parecer por la información que pude recabar, la batuta de las casi 30 expresiones del mismo es llevada por Climate Save Argentina. Esta “entidad”, para empezar, forma parte de una “coalición” llamada UnidEs por el Clima, iniciativa de otra extraña “agrupación” que lleva por nombre “Fridays For Future”, quienes se jactan de haber sido el ‘lobby’ de presión responsable de la reciente declaración de la “emergencia climática” por parte del gobierno. UnidEs por el Clima recibe financiación, entre otras, de empresas del mercado “vegano” como Bioferia, CheVegano, Estilo Veggie y Suahili (cuyo particular eslogan reza: “Hecho con basura”).

La coordinación de Climate Save Argentina recae en las manos de Stephanie Rita Cabovianco, cuyo vínculo con el PRO es evidente e innegable. Entre los años 2015 y 2016, Cabovianco se desempeñó como empleada del GCBA y en 2018 fue asistente sinior en la organización de los JJ.OO de la Juventud(1) percibiendo un interesante sueldo consistente en 200 unidades retributivas (vaya uno a saber de cuántos pesos cada una). CSA también forma parte del Ciclo de Reuniones organizado por PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) junto con la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, compartiendo mesa con Diego Moreno (Secretario de Política Ambiental en Recursos Naturales), Julieta Serno (Directora Nacional de Biodiversidad) y otros tantos funcionarios públicos de duda reputación. Retomando el análisis de The Save Movement, no resulta extraño que algunos de los activistas presentes los otros días en Palermo pertenezcan tanto a Animal Save Argentina como a DXE, ya que estas dos organizaciones se encuentran estrechamente ligadas. Ambas son conocidas por desarrollar en conjunto lo que llaman “vigilias”, que consisten en concentraciones ‘masivas’ en las puertas de los mataderos con el fin de ‘mimar’ a las bestias antes de ser sacrificadas. Si bien, ellos se venden como ‘pacifistas’ y promueven una “ideología” “propia” compuesta de un galimatías mezcla de Tolstoi y Gandhi (si, el “pacifista” que odiaba a los negros y abusaba sexualmente de sus sobrinas), lo cierto es que sus “vigilias” en tierras europeas están lejos de parecerse a las conmovedoras imágenes que Martín Ciccioli nos mostró hace un año por medio de las cámaras de Telenoche (todo tiene que ver con todo ¿vieron?) donde un grupejo de mocosas le daban caricias y agüita a las pobres vaquitas; más bien, consisten en el robo del ganado a fin de ser llevado a “santuarios”, si no es que en la destrucción de las fachadas de los mataderos y la agresión física y verbal contra sus empleados. Estas acciones, según constataron los reporteros de Sin Filtros, requieren -como mínimo- un capital por encima de los 5 mil euros, ya que deben ser pagados el transporte de los animales secuestrados y su posterior atención veterinaria; lo que me lleva a pensar… ¿Cómo se financian?The Save Movemente se encuentra asociado a una ONG británica llamada Veganuary, quienes se describen como una “organización benéfica que inspira a las personas a probar el veganismo” y brindan ‘soporte gratuito’ para quienes desean hacerlo, por medio de un “starter kit” informativo. Esta curiosa ONG “registrada” (con el N°1168566) pide donaciones poner medio de su página de internet donde, además de poseer una tienda en línea de artículos “veganos”, ofrecen puestos de trabajo “igualitarios”; jactándose de no discriminar ni hacer distinción de ‘genero’, condición sexual o física; aunque tales puestos sí discriminen en tanto que sólo se aceptan solicitudes de profesionales universitarios de clase alta. Pero, lo más curioso de esta “organización benéfica” radica en dos aspectos clave: sus adherentes, y sus “sponsors” y “asociados”.A los primeros, les otorgan el título de “embajadores veganos”, y entre sus files figuran “luminarias” de la talla de Al Gore, Alec Baldwin, Alicia Silverstone, Morrissey, Leona Lewis, Casey Rain, Corey Booker, Tom Regan, Will Tuttle, Carl Lewis, Neil Robinson, Novak Djokovic, las hermanas Serena y Venus Williams y el futbolista Jermain Defoe. Sin embargo, mezclados entre los famosos músicos, deportistas, actores y escritores ligados a la organización, se encuentran seres deleznables como el australiano Philip Wollen (ex vicepresidente del Citibank y gerente general del Citigroup), el excéntrico Jonathan Straight (empresario inglés de servicios ambientales), la exitosa mujer de negocios británica Emma Sinclair, la delirante ex activista “animalista” y empresaria curandera “manochanta” del “new age” Kate EA Berridge (dueña de Celtic Spiritual Healing y, según ella, acreedora de la capacidad de comunicación telepática con animales) o el dueño de la mayor red de recarga de automóviles eléctricos del Reino Unido y el equipo de fútbol Forest Green Rovers, Dale Vince. Por el lado de sus patrocinadores, además de The Save Movement; se encuentra el partido político animalista sueco Djurens Rätt, las ONG´s animalistas británicas VIVA! y Animal Equiality, los auto-proclamados “eco-guerrilleros” norteamericanos de FARM (Farm Animals Rights Movement) y la organización “madre” del activismo veganisto-animalista radical The Vegan Society. La lista de socios la integran -entre otros- VegFund (una misteriosa “financiera” que se ocupa de aportar los fondos necesarios para el montaje de emprendimientos comerciales veganos, la realización de eventos, la creación de organizaciones activistas veganas, el desarrollo de estudios “científicos” o la elaboración de material informativo y educativo -aunque yo diría propagandístico- destinados a fomentar el veganismo alrededor del mundo), la app Spoon Guru, la agencia de noticias Plant Based News y su publicación editorial Plantbased, Veganlife Magazine y BeKing Magazine. 

Esto, apriorísticamente hablando, no demuestra absolutamente nada más que el interés británico por financiar y apoyar al “movimiento vegano”; no obstante, esta información no constituye prueba alguna de una conspiración o algo que se le parezca y, además de prestarse a interpretaciones ciertamente sesgadas, no puede ni debe dejar de ser un buen motivo de sospecha acerca quién o quiénes pudieran estar detrás de esta nueva “moda” que cada día es abrazada con más fuerza por la juventud argentina y cuáles pudieran ser los motivos o si es que tras ella podrían esconderse intereses espurios. Sin emitir juicio de valor; será menester estar alerta al respecto porque, todo tiene que ver con todo, y la ‘progresía’ posmoderna lo tiene con la oligarquía y los intereses geopolíticos del ‘globalismo’, mucho más de lo que nos podamos imaginar.

Referencias:
1- https://documentosboletinoficial.buenosaires.gob.ar/publico/PE-RES-MMIYTGC-MMIYTGC-148-17-ANX.pdf

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

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