Una lección de geopolítica…

Francisco Franco / Lyndon B. Johnson
Francisco Franco / Lyndon B. Johnson

Hoy en día, cuando la figura de Francisco Franco resulta más discutida que nunca en la Madre Patria y su nombre aparece con mayor frecuencia en los titulares de la prensa ibérica ya sea por el destino de sus restos mortales o por el tratamiento de leyes para penalizar la puesta en duda acerca de los -presuntos- delitos cometidos durante la dictadura que él encabezó, no estaría mal echar un breve vistazo a las facetas menos conocidas o difundidas del “Generalísimo”.

Del “Generalísimo” Francisco Franco se han dicho y escrito muchas cosas; hay quienes lo admiran, quienes lo aborrecen, y estamos aquellos que intentamos estudiarlo como se estudia a una personalidad tan particular dentro del complejo contexto de su era. Para algunos, Franco fue un militar golpista y un feroz dictador que gobernó con puño de hierro el Estado Español a lo largo de cuatro largas décadas; para otros, fue el hombre que salvó a España del “terror rojo” y el imperialismo soviético; para nosotros, los argentinos, fue el mandatario que brindó asilo y protección al General Perón durante su injusto exilio en Madrid. Sin embargo, más allá de las luces y sombras propias de un líder político de su talla, existe un hecho absolutamente objetivo e imposible de ser negado: fue un hombre supremamente inteligente, astuto y audaz; ningún imbécil, por más suerte que pudiera llegar a tener, logra salir victorioso de una compleja y devastadora guerra civil y mucho menos alcanza a sostenerse en el poder durante tanto tiempo; y, al que le gusten las comparaciones fáciles y pueriles, podría decirle que Francisco Franco falleció ‘de viejo’ acostado en su cama, mientras que el genocida Videla encontró su final sentado en el inodoro de la celda de una cárcel de reos comunes.
En ese sentido, Franco nos ha regalado uno de los episodios más curiosos de la historia reciente, una soberbia lección de geopolítica que bien pudiera haberle ahorrado a la humanidad una masacre lamentable de haber sido acatada. Como si hubiera tenido en su poder una potente bola de cristal, en los breves doce párrafos de una simple misiva, el “Generalísimo” aconsejó al Presidente Johnson desistir en la idea de continuar y profundizar la llamada “Guerra de Vietnam” advirtiéndole acerca de las nefastas consecuencias que dicha empresa acarrearía para el mundo, y que terminó por acarrear.
El intercambio epistolar entre los mandatarios estadounidense y español ocurrió durante el año 1965, cuando el primero solicitó al segundo su colaboración efectiva en el conflicto, del que finalmente España no participó más allá del envío de ayuda humanitaria que ya venía efectuando desde antes que los Estados Unidos decidieran meterse de lleno en aquella beligerancia que les era absolutamente ajena.
Pero Franco no se limitó al mero análisis estratégico del escenario mundial y la particular coyuntura vietnamita, también abordó de forma crítica las causas del conflicto y las posibles soluciones, y concluyó expresando el positivo concepto que tenía acerca de la figura de Ho Chi Minh.
Antes de analizar el texto de la mentada correspondencia, será menester adentrarnos en el contexto en el cual fue redactada, para poder apreciar con más y mejores herramientas la importancia de las sentencias que en sus letras guarda.

Para empezar habría que mencionar que España, aunque aún se encontraba -y aún hoy se encuentra- muy lejos de sus años de mayor esplendor, hacía tiempo que había dejado de ser un actor marginal dentro del escenario político europeo y -también- mundial. Contra todo pronóstico, el régimen de Franco había logrado sostenerse y superar las atroces condiciones del aislamiento económico y diplomático internacional (todavía más feroz del que viene sufriendo Cuba desde su liberación, e incomparable con el que el régimen venezolano utiliza hoy como herramienta de victimización). En gran medida, esto pudo ser posible gracias a la ayuda brindada por el gobierno argentino encabezado por Juan Domingo Perón quién, en un acto de humanismo sublime y retando a todas las naciones del auto-proclamado “mundo libre”, se atrevió a romper el ‘bloqueo’ impuesto por los vencedores de la IIGM con la única intención de evitar que los trabajadores españoles muriesen de hambre. Sin embargo, tras el trágico derrocamiento de Perón en el 1955, Franco se vio obligado a explotar las oportunidades estratégicas que le otorgaba el contexto de un mundo bipolar en “guerra fría” y sus antecedentes como furioso anti-comunista. Fue así que, como resultado de un arduo proceso diplomático; logró que Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos le tendieran la mano para luego ocupar un lugar dentro de la Organización de las Naciones Unidas, no sin pagar el costosísimo precio de tener que permitir la instalación de sendas bases militares norteamericanas en el suelo soberano de nuestra Madre Patria.
Llegado el año 1965; la economía española crecía a un fabuloso y sostenido ritmo del 6% anual, ocupaba el 7° puesto a nivel mundial por índice de crecimiento y el 10° por PBI per cápita; la ciencia española comenzaba a asentar las bases de su desarrollo nuclear autóctono con la construcción de la Central de Zorita, el gobierno iniciaba sus conversaciones con la Comunidad Económica Europea y un español ocupaba el sillón del Director Ejecutivo del Banco Mundial. Tal vez por todo esto fue que, el 26 de julio de aquel año, los Estados Unidos le pedirían ayuda a España para afrontar la costosa “Guerra de Vietnam” en una carta en la que el Presidente Johnson se dirigía a Franco con el título de “Su Excelencia” y le solicitaba el envío de tropas militares de la siguiente manera:

En esta situación debo expresarle mi profunda convicción personal de que las perspectivas de paz en Vietnam aumentarán grandemente en la medida en que los necesarios esfuerzos de los Estados Unidos sean apoyados y compartidos por otras naciones que comparten nuestros propósitos y nuestras preocupaciones. Sé que su Gobierno ha mostrado ya su interés y preocupación concediendo asistencia. Le pido ahora que considere seriamente la posibilidad de incrementar dicha asistencia mediante métodos que indiquen claramente al mundo y quizás especialmente a Hanoi— la solidaridad del apoyo internacional a la resistencia contra la agresión en Vietnam y al establecimiento de la paz en dicho país”.

En lo que respecta, tanto a la “Guerra de Vietnam” en sí como a la situación particular de los Estados Unidos en aquel entonces y los motivos que lo impulsaron a ingresar ‘de lleno’ en dicho conflicto, mucho se ha escrito ya y poco se puede decir que aún no se sepa. En resumidas cuentas, la “Segunda Guerra de Indo-China” ocurre como consecuencia directa, de la “guerra fría” entre los bloques “capitalista” y “comunista” por un lado, como de la derrota sufrida por el Ejército de Francia en tierras vietnamitas durante la ‘guerra colonial’ de 1954 por el otro. Esta última dejó como saldo a un Vietnam partido en dos unidades territoriales política e ideológicamente antagónicas a merced de los intereses imperialistas de ambos bloques; la parte norte del país había caído en las garras de los intereses soviéticos y chinos mientras que, la del sur, fue victima del expansionismo imperialista norteamericano tras su éxito en la “Guerra de Corea” ocurrida entre los años 1950 y 1953. En ese sentido, la posición estratégica de Vietnam resultaba un cuestión -incluso- de excitación cuasi-sexual para ambos polos imperialistas, que veían en el control de dicho enclave geográfico la oportunidad para asegurar su hegemonía sobre la península Indo-China y las rutas comerciales entre el Océano Pacífico y el Océano Índico. No obstante, el apoyo brindado por ambos bloques se limitaba a la prestación de ‘cobertura’ técnica y diplomática, hasta que la presión de Vietnam ‘del norte’ y las exitosas operaciones llevadas a cabo por el ‘Viet-Cong’ en Vietnam ‘del sur’ convirtieron la situación en algo insostenible, por lo que los Estados Unidos tomaron la decisión de intervenir militarmente; el precario gobierno ‘títere’ asentado en Saigón y controlado desde Washington no era capaz de defender su territorio habiendo perdido hasta el 60% del mismo a manos de la insurgencia comunista lo que, el 1964, obligó al gobierno de los Estados Unidos a “fabricar” un atentado de falsa bandera en el Golfo de Tonkin con el fin de que el Senado norteamericano aprobase la ampliación de la intervención militar que se daría un año después.
Fue así que, llegado el momento, el sucesor de J.F. Kennedy solicitó la ayuda afectiva de todas las ‘potencias’ del auto-percibido “mundo libre” en el que no tuvo el más mínimo reparo para incluir a un régimen de confesa inspiración ‘fascista’ que se jactaba de condenar de igual forma al comunismo como al capitalismo por más que a espaldas de su pueblo compartiera más de una vez las cobijas con éste último; lo que se refleja en el primer párrafo de la carta escrita por Franco, donde el “Generalísimo” no escatima palabras en aras de hacerle ‘la pelota’ al Presidente norteamericano, seguramente para atenuar el tono lapidario de las apreciaciones que a continuación le expondría:

“Mucho le agradezco el sincero enjuiciamiento que me envía de la situación en el Vietnam del Sur y los esfuerzos políticos y diplomáticos que, paralelamente a los militares, los Estados Unidos vienen desarrollando para abrir paso a un arreglo pacífico. Comprendo vuestras responsabilidades como nación rectora en esta hora del mundo y comparto vuestro interés y preocupación, de los que los españoles nos sentimos solidarios en todos los momentos. Comprendo igualmente que un abandono militar de Vietnam por parte de los Estados Unidos afectaría a todo el sistema de seguridad del mundo libre”.

Luego de esta “mimosa” introducción, Franco emprende en el análisis técnico de la situación dentro del ‘teatro de operaciones’ describiendo las condiciones en las que se sucedería el conflicto basado en su amplia “experiencia militar y política” adquirida tras su desempeño tanto en la Guerra de Marruecos como en la Guerra Civil Española; sin embargo, lo que Franco describe en este párrafo no tendría por qué haberle resultado una novedad al mandatario estadounidense, sobre todo teniendo en cuenta que la Marina de los Estados Unidos ya había tenido una experiencia similar muchos años atrás, cuando los numerosos infantes de marina que ocupaban militarmente el territorio nicaragüense fueron expulsados por un puñado de ‘guerrilleros’ patriotas al mando del General Augusto César Sandino:

“Mi experiencia militar y política me permite apreciar las grandes dificultades de la empresa en que os veis empeñados: la guerra de guerrillas en la selva ofrece ventajas a los elementos indígenas subversivos que con muy pocos efectivos pueden mantener en jaque a contingentes de tropas muy superiores; las más potentes armas pierden su eficacia ante la atomización de los objetivos; no existen puntos vitales que destruir para que la guerra termine; las comunicaciones se poseen en precario y su custodia exige cuantiosas fuerzas. Con las armas convencionales se hace muy difícil acabar con la subversión. La guerra en la jungla constituye una aventura sin límites”.

Una vez dicho esto, el Jefe del Estado Español arrojó sobre Johnson una advertencia perentoria acerca de las consecuencias a corto plazo de un conflicto a todas luces -cuanto menos- improductivo, por no decir inútil e innecesario:

“(…) aún reconociendo la insoslayable cuestión de prestigio que el empeño pueda presentar para vuestro país, no se puede prescindir de pesar las consecuencias inmediatas al conflicto. Cuanto más se prolongue la guerra, más empuja al Vietnam a ser fácil presa del imperialismo chino, y aun suponiendo que pueda llegar a quebrantarse la fortaleza del Vietcong, subsistirá por mucho tiempo la acción larvada de las guerrillas, que impondrá la ocupación prolongada del país en que siempre seréis extranjeros. Los resultados, como veis, no parecen estar en relación con los sacrificios”.

Acto seguido, describió en la ajustada letra de un breve párrafo la profunda raíz política del conflicto sin ahorrar críticas al penoso rol que el ‘mundo occidental’ estaba desempeñando dentro del mismo:

“La subversión en el Vietnam, aunque a primera vista se presente como un problema militar, constituye, a mi juicio, un hondo problema político; está incluido en el destino de los pueblos nuevos. No es muy fácil al Occidente comprender la entraña y la raíz de sus cuestiones. Su lucha por la independencia ha estimulado sus sentimientos nacionalistas; la falta de intereses que conservar y su estado de pobreza les empuja hacia el social-comunismo, que les ofrece mayores posibilidades y esperanzas que el sistema liberal patrocinado por el Occidente, que les recuerda la gran humillación del colonialismo.
Los países se inclinan en general al comunismo, porque, aparte de su poder de captación, es el único camino eficaz que se les deja. El juego de las ayudas comunistas rusa y china viene siendo para ellos una cuestión de oportunidad y de provecho”.

Pero el “Generalísimo” no se quedó en la mera crítica, tomándose el atrevimiento de plantear un rumbo alternativo que pudiera garantizar un desenlace menos pernicioso no sólo para éste conflicto en particular sino para los que se desatarían años más tarde en tierras hispanoamericanas a causa de similares motivos y en parte influenciados por el mismo:

“Es preciso no perder de vista estos hechos. Las cosas son como son y no como nosotros quisiéramos que fueran. Se necesita trabajar con las realidades del mundo nuevo y no con quimeras… (…) ¿No estaremos en esta hora sacrificando el futuro a aparentes imperativos del presente? A mi juicio, hay que ayudar a estos pueblos a encontrar su camino político, lo mismo que nosotros hemos encontrado el nuestro.

Ante los hechos nuevos, no es posible sostener la rigidez de las viejas posiciones. Una cosa es lo que puedan acordar las grandes naciones en Ginebra y otra es el que tales decisiones agraden a los pueblos. Es difícil de defender en el futuro y ante los ojos del mundo esa división artificial de los países, que si fue conveniencia de momento dejará siempre abierta una aspiración a la unidad.

Comprendo que el problema es muy complejo y que está presidido por el interés americano de defender a las naciones del sudeste asiático de la amenaza comunista; pero siendo ésta de carácter eminentemente político, no es sólo por la fuerza de las armas como esta amenaza puede desaparecer”.

Luego de lo dicho, Franco retomó brevemente el análisis geopolítico del contexto que rodeaba al mentado conflicto, volcando en el papel una particular lectura que para la época pudiera haber resultado un tanto arriesgada, pero que a la luz de la historia se ajustaba ‘al dedillo’ con la realidad efectiva de la época:

“(…) en el fondo, los principales actores aspiran a lo mismo: los Estados Unidos, a que el comunismo chino no invada los territorios del sudeste asiático; los Estados del sudeste asiático, a mantener a China lo más alejada de sus fronteras; Rusia, a su vez, a que su futura rival, China, no se extienda y crezca, y Ho Chi Minh, por su parte, a unir al Vietnam en un Estado fuerte y a que China no lo absorba”.

Antes de terminar su carta, Franco le dio a conocer a Johnson el positivo concepto que guardaba acerca de la figura del líder vietnamita Ho Chi Minh, aún asegurando no haber tenido el gusto de conocerlo en persona:

“No conozco a Ho Chi Minh, pero por su historia y sus empeños en expulsar a los japoneses, primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de patriota, al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y dejando a un lado su reconocido carácter de duro adversario, podría sin duda ser el hombre de esta hora, el que el Vietnam necesita.

En este interés superior de salvar al pueblo vietnamita y a los pueblos del sudeste asiático, creo que vale la pena de que todos sacrifiquen algo”.

Aquí el texto completo de la correspondencia: https://fnff.es/historia/54233177/la-opinion-de-franco-sobre-la-guerra-de-vietnam.html

A modo de cierre, me gustaría compartir con Ustedes una impresión personal acerca de la importancia de los conceptos y las ideas expresadas por Francisco Franco en la correspondencia que acabamos de analizar: Ciertamente, debo confesar que la figura del “Generalísimo” me genera tantas contradicciones que me resulta imposible realizar un juicio de valor acerca

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

5 Comentarios

  1. Franco, un pequeño gran hombre. Mantuvo la unidad de España, frenó al comunismo y entregó un país en paz a la monarquia borbónica. Gran defensor del catolicismos y la Hispanidad. Gracias Generalísimo. Viva España!

  2. Siempre es bueno, brindar toda la gama posible de posibilidades al lector, para que él haga su resumen y saque sus propias conclusiones. Sería bueno que siempre se nos brinde esa oportunidad así podremos diferenciar a quienes (con el balde puesto) solo son capaces de gritar consignas, argumentar con titulares de prensa y (lo peor) no saben escuchar (ni quieren, siquiera). Muchas gracias. Disfruté el artículo.

    • ¡Gracias a Usted! Como dice, siempre es bueno pero, sobre todo, importante exponer las dos caras de la moneda; resulta imprescindible superar esta etapa de maniqueísmo a la que los medios de masas nos someten: nada es totalmente bueno o malo, existe una extensa gama de grises por la que suelen transitar los hombres y las mujeres que, nos guste o no, han aportado su gratino de arena en aras del que el mundo siga siendo mundo y la civilización, civilizada.
      ¡Un fuerte abrazo!

  3. Excelente artículo. Salvo el despectivo tratamiento de “genocida” otorgado al General Videla. Dicha opinión es mendaz y demuestra que solamente ha escuchado una sola campana. Para usted el General Videla representa al “Terrorismo del Estado”, mientras tanto el Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP. Los Montoneros. Las Fuerzas Armadas Peronistas FAP y el resto de: Inocentes jóvenes idealistas que pensaban distinto que recibían entrenamiento en la guerra de guerrillas en Cuba, Palestina, Libia y etc etc. Estos mismos son los que nos sometieron a atentados con bombas, asaltos a bancos, financieras, secuestrando a mansalva, tomando por la fuerza a cuarteles, pueblos enteros, y como así también no se privaron de colocar un artefacto explosivo en la nursery del Hospital Churruca Visca. A este Terrorismo Privado que padecí en carne propia, los opinologos les han brindado el estatus de “mártires” y cómo si fuera poco esta sociedad de eunucos y mal agradecidos los premia con: Suculentas Recompensas por su pasado sangriento, (U$A 220.000.- subsidio por exiliado) Subsidio por los días que estuvieron presos. Altos cargos en la Administración Pública, senadores, diputados Jueces de la Corte Suprema etc etc.

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