¿Vuelven los años de plomo?

Santiago Maldonado

Al ajuste, el saqueo y la represión de las que hoy nos toca ser víctimas, deberemos sumarle también la desaparición forzada. El grotesco contubernio de empresarios, banqueros y políticos que llevan las riendas del país no ha perdido sus mañas siniestras, y el hecho de -presuntamente- haber accedido “por primera vez” al poder político por la vía “democrática” no significa nada. Mauricio no es Mauricio, es Macri Blanco Villegas, y el “cambio” que nos quieren vender tampoco es tal: es un retroceso a los años más oscuros y tristemente célebres del siglo pasado.

Santiagos Maldonados viene habiendo en la Argentina profunda desde que la Patria es Patria, aunque la burocracia porteño-centrista insista en esconderlos debajo de la alfombra y hacernos creer que el -mal llamado- “interior” está poblado únicamente por honestos y sacrificados “granjeros” y laboriosos gauchitos giles y gentiles. La novedad radica en que, luego de mucho tiempo -o no-, son los cuerpos de seguridad del Estado los que vuelven a ‘frentear el corte’ y hacerse cargo (en forma “oficial”) de esta siniestra tarea, tan vital para el desarrollo sustentable de las economías regionales basadas en la trata de personas, el robo de tierras, la extorsión y el narcotráfico en tantos de aquellos pagos olvidados por Dios pero, sobre todo, por el Estado.


El nuevo/viejo proyecto de país al que nos quieren someter no cierra sin la represión y la imposición de la histeria colectiva. Ni lerdos ni perezosos, los “dueños” de la Argentina han emprendido un rearme voraz del aparato represivo, estatal y privado, para intentar contener la furia popular que lentamente se va gestando al ritmo del vaciamiento del patrimonio público nacional y el paulatino exterminio de las conquistas alcanzadas por la clase trabajadora durante los últimos años.
Con la excusa de la proliferación del delito complejo y el crimen organizado, el presidente ha decretado a principios del año pasado la “emergencia de seguridad pública”; medida que, además de convocar a la acción a los efectivos exonerados de las distintas policías y el ejército, les ampara en la potestad de hacer uso excesivo de la fuerza, si es que la situación lo amerita, lo que queda en evidencia al observar el vertiginoso aumento en las estadísticas sobre el gatillo fácil y la violencia institucional durante los últimos dos años. Esto se suma a una batería de acciones tomadas por el Poder Ejecutivo entre las que destacan la modificación del decreto N° 436 del 31 de enero de 1984 (mediante el nuevo decreto 721/2016 en el que se le atribuyen a las Fuerzas Armadas mayores potestades para decidir ascensos, traslados, designaciones y premios, con lo que dio marcha atrás con una política que comenzó Raúl Alfonsín, al inicio de su mandato, y que había continuado hasta la gestión de Cristina Kirchner), las millonarias y escandalosas compras de armas y equipamiento militar a los Estados Unidos e Israel (que causaron la renuncia de un embajador) y la ampliación del presupuesto del que disponen las “fuerzas vivas”.Por el ámbito privado destaca el blindaje mediático, político y judicial al empresario Alfredo Coto luego de que un allanamiento a uno de sus supermercados arrojara resultados ominosos: en su depósito escondían, entre cajas y cajas de alimentos, un significativo arsenal compuesto de varias granadas, chalecos anti-bala, armas de fuego y más de cuatro mil municiones, que se sospecha habrían sido adquiridas en pos de prevenir posibles saqueos.


¡Ojo! Que la complejidad del caso de Santiago Maldonado y los intencionales “horrores” con los que los medios masivos lo comunicaron, dignos de un posterior y profundo análisis, no nos tapen el bosque: no fue un error, ni un accidente; fue un hecho deliberadamente elucubrado en aras de un objetivo concreto. Fue intencional y planificado hasta el más mínimo detalle a fin de provocar en la opinión pública un golpe emocional de un calibre tal que pudiera traer de regreso a nuestro plano los fantasmas del “no te metás” y el “algo habrán hecho”. Consecuentemente al refinamiento de sus prácticas de sometimiento, ya no les es necesario desaparecer a 30 mil, alcanza con un solo joven que pueda representar a un estereotipo popular y ampliamente difundido en la cultura juvenil para dejar en claro que hoy le tocó a Santiago; pero te podría haber tocado a vos, a tu hermana, a tu primo, a tu mejor amiga, a tu pareja, a tu hijo. Todos tenemos uno o varios amigos y familiares como Santiago: llenos de buenas intenciones e ideales, que intentan llevar una vida alternativa dentro de un sistema que a toda persona sensible indigna, con ansias de defender las causas que se creen o intuyen justas.Fue por eso mismo, porque Santiago nos tocó profundamente a todos, que los mercaderes de la noticia y los burócratas de la tinta decidieron hacerse eco de lo ocurrido tras 9 días de permanecer indiferentes al suceso más difundido en las redes sociales, pero no para presionar por el esclarecimiento del hecho y la aparición con vida del chico Maldonado, sino para ensuciarlo y corromperlo con el mismo repugnante circo de las falacias y las delirantes teorías e hipótesis insultantemente surrealistas con el que apenas ayer sometían a Anahí, y con el que someterán también a la próxima víctima televisada; y así mantenernos prisioneros de un infinito bucle vicioso, ajenos a lo verdaderamente importante: la altísima probabilidad de que un puñado de oligarcas sin patria ni bandera están engrosando sus billeteras y cuentas bancarias a costillas tuyas, mías y de todos nosotros.

Por: Nicolás Escribá
Periodista profesional MN 14.779

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